Desde mi nube y con gafitas

“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a la Tierra para experimentar lo que era ser humano. Adoptó la forma de mujer. Sólo bajó con lo puesto… unas preciosas gafitas que Dios le había regalado y una nube pequeña, desde donde miraba cada día todo lo que sucedía entre el Cielo y la Tierra. Sólo a través de esas gafitas podía ver nítidamente el mundo y a las personas que vivían en él. Sin ellas se sentía desorientada, perdida, pues todo se volvía invisible e incluso ella misma, ya que ni siquiera podía percibir su propio cuerpo. Esta historia está contada por ese ángel que, a través de la narración de sus peculiares observaciones, intenta representar el mundo que ve.”

Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.

Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.

Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.

28 nov. 2014

UN AMOR IRREFRENABLE (3)

CAPÍTULO TERCERO

“Una hora después”, como rezan en las películas de clase "c", se abre la puerta de la sala en donde atiende el doctor. De ella sale, bien estiradita y con pulsera de oro, doña Ulceritas, mencionada anteriormente por el recepcionista, secretario, enfermero, operario, funcionario, metomentodo… Muy orgullosa, más o menos como entró. Se siente victoriosa, a pesar de no haber conseguido llevarse ni un solo citoplasma. La próxima vez será. Una mirada de soslayo a las personas de la sala de espera, por despedida. El bolso se la lleva del hombro. El doctor muy amablemente les invita a entrar en su consulta:

-Buenas tardes, pueden pasar… pero no hambre.
-No captamos mentalmente… porque yo estoy sin comer todavía.-Replicó Elle.
-Que pasen, por favor y por la puerta. Entren y pónganse cómodos… sin exageraciones.
-Sí, vamos entrando, que es gerundio…Buenas tardes doctor.-Saludó Lui.
-Muy buenas, pero créame, estoy acostumbrado a todo tipo de chistes debido a mi nombre. Ya no me asombra nada, excepto el cambio climático. Pues ustedes dirán… ¿Cuáles son sus rogativas y aspiraciones?
-Lo primero es lo primero… ¿Ha ganado la partida con esa doña; la señora que ha salido?-Se interesó Lui.
-No, esta damisela lánguida y de porte estomacal, me va arruinando día a día… Pinta en oros, ¿saben?
-Sí, ya la hemos fijado en todos sus anillos, cuando salía.-Apuntó Elle, bastante observadora para algunas personas y emblemas municipales.
-Y ahora por favor, si no les importa, vayamos a lo secundario…-Exhortó el doctor.
-Claro. Pues verá… nosotros somos una pareja joven y enamorada, pero no pirómana; a pesar de haber quemado unas cuantas revistas de la sala, que desearía que nuestro vástago, fuera alguien completo, satisfecho y feliz. -Relató el marido de la condenada al parto.
-Explícaselo bien, cariño… Ha sido porque no nos gustaban las portadas.-Añadió Elle.
-No se preocupe, lo entiendo. Les pasa a todos.-Comentó el doctor, intentando restar importancia a la preocupación de los últimos incendiarios.
-Vale. Pues ha sido breve y hemos depositado las cenizas en sus respectivas urnas.-Terminó de concretar, Lui.
-¿Y guapo lo quieren?-Interrogó el doctor. Intentado centrarse en un sólo tema.
-¿Cómo dice?-Preguntó, algo desorientado por el humo, el futuro padre.
-A su hijito. Ya sé que con las cenizas han hecho lo propio…-Zanjó el médico.
-No, esa no es una de nuestras preferencias. Sabemos por su reputación y buen hacer que sirve los bebés a la carta. Pero para lo que nosotros pretendemos, ignoramos si entrará en el menú del día, o no habrá más remedio que recurrir a dicha carta. Estamos despistados y morenos de las últimas vacaciones.
-No te explayes… Ve al grano que luego dices que te pierdes…Es que le gusta escucharse a sí mismo, doctor, pese a su torpeza en expresión oral.-Le recriminó Elle, al ver a su amado que se extendía y divagaba, como ella bajo ese sol que les había regalado un bronceado divino, de costa española. Bueno, ella se extendía y vagueaba, que es parecido pero no es igual.
-Calla, déjame que me estoy explicando.-Protestó el aludido.
-De menú del día tenemos bebitos con pelo ondulado de primero, de segundo, ojos castaños y opacos, y de postre, estatura media… Sin café ni puro.-Informó el doctor.
-Me parece que no es lo que buscamos. Nuestro interés puede ser algo más complicado de satisfacer. Pues es algo menos… habitual, propiamente dicho.
-Prosigan, prosigan, por favor. Me tienen en un “ay”.
-Mire doctor Gerundio… lo que nosotros queremos es…


Ángel Córdoba Tordesillas © 

Acuarelita rápida de doña Ulceritas. Con estas gafitas, sí.

27 nov. 2014

UN AMOR IRREFRENABLE (2)

CAPÍTULO SEGUNDO 

Este incidente-tras el accidente- cambió el rumbo de los acontecimientos para los cuales esos dos seres vivos, iban escopeteados. Una vez solos, en medio de la ciudad llena de gente extraña, que les miraba como si no atinaran a comprender el estado de estupidez, permitida legalmente, en el que habían entrado de un momento al otro, como el que penetra en la quinta dimensión sin haberlo previsto antes de salir de casa y le pilla con bata y sin peinar-, se miraron a los ojos por primera vez, en vez de a sus perjudicados coches, y se quedaron prendados de tanto sentimiento sincero y bobalicón. La felicidad impregnaba el éter… además de la contaminación ambiental.

Se hicieron carantoñas y se intercambiaron palabras cariñosas como suelen hacer las parejas, pero posteriormente a llegar a sus respectivas casas, darse una buena ducha, y dar parte a sus compañías de seguros del percance vivido. Les hicieron las consabidas preguntas, en fin… me voy a centrar en la historia que me pierdo. Se compenetraron a las mil maravillas, desde el primer momento. Y a partir de la eventualidad automovilística vivida, decidieron unir sus vidas de inmediato, y optaron por una sana y feliz convivencia, dentro del matrimonio. Nadie en su sano juicio opta por lo contrario… normalmente eso llega más tarde… Tiempo al tiempo.

Algunas semanas después del casamiento, estaban en la clínica del doctor Gerundio, de la que habían oído hablar mucho y que les había sido recomendada por una asistenta que limpiaba por horas en la tienda de regalos del final de su calle, y yendo despacio, que es gerundio…

-¿Quién es el gestante de los dos?-Peguntó el de recepción.
-Ella, para variar.-Respondió él, obviamente.
-Bien. Pasen a la habitación del fondo y esperen allí. Enseguida les atenderá el doctor, en cuanto termine su partida de cartas con doña Ulceritas, que está de racha, y lleva ya ganadas dos membranas nucleares y un aparato de golgi.
-¿No necesita nuestros datos?
-Relativamente hablando, sí. Pero solamente los de ella. Según me han informado en sus previas declaraciones telefónicas, está de tres semanas y media, y según me dicen, es la que va a parir, próximamente, si es que no prefiere ir a la feria de abril en Sevilla.
-No, si la fecha prevista del parto es para marzo.-Puntualizó la que estaba encinta.
-Hay embarazos largos, sospechosamente largos, señora… igual que los hay sospechosamente cortos, y no miro a nadie. Aquí estamos acostumbrados a ver de todo.
-Ah, ya… Comprendemos… sospechosamente.-Afirmó ella.
-¿Se quieren?-Indagó el hombre. 
-Mucho. ¿No se nos ve en la cara?-Dijo el marido, satisfecho.
-En las caras de la gente puedo ver bastante, menos cuando lo disimulan. Aunque en las de las monedas veo más. Me ciegan con su fulgor, que no es su caso… ya que ninguno luce cara de moneda al aire. Y luego está la cruz… de esa mejor no hablar… Por eso prefiero preguntar.
-¿Pero esa información es relevante?-Quiso saber Elle.
-Depende de para qué… Estoy resolviendo un crucigrama y me puede valer.
-Sí, nos queremos.-Atajó él. Más que nada porque tenía ganas de sentarse.
-¿Ven ustedes?... Sí, entra sin calzador. Esa era la respuesta que decía ser afirmativa a una interrogativa y que también funciona como conjunción condicional. Ya les queda menos, tengan cierta paciencia, les recomiendo. El doctor se queda sin saldo enseguida. En pocos minutos estará con ustedes. Si se aburren, ahí tienen unas cuantas revistas del corazón… pueden quemarlas, si lo desean, a la mayoría les resulta divertido y ayuda a canalizar la ansiedad de la espera, dicen. Pero, por favor, intenten que las cenizas caigan dentro de las urnas, las subastamos luego a las funerarias.
-Bien. De momento no nos aburrimos. Más adelante, veremos…-Informó Lui.
-Yo tengo que seguir con mi trabajo. Este crucigrama es un auténtico reto. Soy funcionario y tengo responsabilidades que atender… Huy, si antes lo digo… funcionario… ¡Aquello que funciona! ¡Bingo!

Ángeles Córdoba Tordesillas ©

Acuarelita rápida de la recepción de la consulta del Dr. Gerundio. Con estas gafitas, sí.


26 nov. 2014

UN AMOR IRREFRENABLE (1)

CAPÍTULO PRIMERO

Por accidente inevitable salieron, Elle y Lui, de sus respectivos coches - prensados, hechos puré prácticamente-, como dos energúmenos. No llegaron al puño y letra porque eran, hasta cierto punto, civilizados; cromosoma XY e XX, pero de haber sido XY e XY, seguro que aún estarían liados-y eso que esto sucederá en el futuro- y hasta habrían salido en las noticias…

Después de algunos gritos e improperios, responsabilizándose el uno al otro y viceversa de la colisión automovilística, entraron en un estado de estupor y sudor; podía influir el calendario en eso, pues era finales de junio del dos mil veintiuno, y se sentían agobiados, al borde de una lipotimia o un colapso callejero, o que sus hormonas debido al choque brutal, por no llevar el cinturón de castidad puesto, salieran despedidas y decidieran lanzarse señales químicas a través del aire.

En un momento en que dejaron de gritarse y se hizo el silencio sobre el asfalto, pasó un ángel, como suele decirse, para armonizar, y les envió un mensaje subliminal, como si del mejor publicista se tratara:
-Llegad a un acuerdo, llegad a un acuerdoooo, que si no va a ser peor para los dos.

El ángel se dio media vuelta y vislumbró a unos pocos metros a Cupido lanzando una de sus flechitas…
-Tío, espera a que termine yo ¿no?... Estoy haciendo mi trabajo. Luego entras tú.
-Perdona, hombre. Yo sólo quería, aprovechando la magia envolvente de esa atmósfera que has creado, reforzar ese sentimiento… ¡Yo soy un mandado! A mí me dicen que pacá y pacá o que pallá y pallá. ¿Quién te ha enviado a ti?
-San Peter. ¿Y a ti?
-¡Agüita, pues estos están predestinados…! A mí la diosa folklore, ¿la conoces?... la de los famosos…
-Me suena. Aunque no sé si tengo muy buenas referencias de ella… ¿Pero no trabajabas antes para la diosa Diana, la de la caza?
-Sí, sí, pero me llamaron de los mundillos de la tele para darme un puesto de cupido-reportero y accedí.
-¿Sabes que han ascendido a Campanilla, a reina de las hadas?
-¿Qué me dices?... Y a dedo, seguro…
-Por ahí va la cosa… Mucho trasiego de dedo… ahora algunos van en autostop, de un lado para otro... del piso de abajo al piso de arriba… ya me entiendes.
-¡Qué vergüenza! Pues yo estoy sin vacaciones este año.
-Pues a mí aún no me han ingresado lo correspondiente a la nómina de septiembre… y La horas extras hace una eternidad y pico que no nos las pagan.
-Increíble… ¡Cómo está el panorama musical!
-Venga pues remátalos y nos vamos de cañas. Que están ahí, esperando, a punto de caramelo… Mírales que caritas de tontos tienen… Ya casi se aman. Qué ternura… ¡y lo poco que dura esto tan bueno, coño!
-Muy poco… apenas un chispazo y luego, zas, desaparece… Porque uno ama su trabajo que si no…
-Se ponen requeteguapos, es un gusto verlos… Les brillan los ojos y todo.
-Sí, les hacen chiribitas, y a ambos les parece bien cualquier cosa del otro. Se vuelven medio lelos. No ven más que las virtudes. Y luego… adiós magia.  
-Tú empresa debería dar al menos garantía por un año a partir de la fecha de adquisición del sentimiento.
-Ufff, eso sería la ruina. Es producto perecedero. No hemos conseguido inventar el amor infinito. Estamos en ello pero… lleva su tiempo.

En medio de aquél discurso dialogado de Cupido y del ángel de la paz, sobre el amor fugaz, los recién captados empiezan a inquietarse:

-Bueno, perdonen… nosotros nos vamos a ir yendo… y si eso, les dejamos ahí con su charlita… Siempre y cuando les parezca bien. Como nos estamos enamorando, compréndanlo, nos cuesta enterarnos de lo que pasa alrededor de nosotros. Estamos, como flotando dentro de una burbuja de amor y se nos está empañando con tanto rollo prosaico. No captamos un carajo. -Interrumpió el accidentado varón.
-No, tranquilos, si ya estamos terminando. Es que nos conocemos de tiempo, ¿saben? Sólo estábamos "colegueando" un poco… Los que nos vamos somos nosotros y les dejamos ahí, con su amor verdadero y los dos coches hechos polvo. Deben ahora llamar al seguro y todo el rollo ese. A esto no nos quedamos ya. Ahí se las apañen. Nos vamos de bares.
-Pues gracias y feliz jornada.-Les despidió Elle, la parte femenina de la colisión, pues su educación había salido indemne del accidente.
-Igualmente, majos. Y perdonad los síntomas de enajenación mental transitoria y los efectos secundarios… que vendrán después.

Ángeles Córdoba Tordesillas © 

Acuarelita rápida, hecha con estas gafitas que Dios me ha dado.

25 nov. 2014

EL CIELO DE MADRID

Con qué facilidad una persona puede pasar de un gran estado de serenidad al terror más absoluto. Esta misma tarde he tenido la oportunidad de comprobarlo. Y puedo contarlo gracias a que sigo viva.

En medio de mi paseo diario, ha comenzado una tormenta impresionante. Yo estaba feliz caminando, como suelo ir, absorta en mi mundo interior y disfrutando del entorno natural y, en particular, del color del cielo; ese azul profundo que me hace estremecer. De repente he visto como éste se volvía casi blanco por la luz de un rayo. De nuevo otro cruzaba a toda velocidad. Me ha entrado un pánico difícil de describir. A pesar de la mucha confianza que tengo en la vida, y de mi inevitable sesgo optimista para afrontar la mayoría de las situaciones que se escapan a mi control, han comenzado a castañetear mis dientes.  

Debo decir que las tormentas me asustan especialmente. En varias ocasiones, he escuchado que lo mejor cuando uno está en plena naturaleza y se presenta una tormenta de estas características, para minimizar el riesgo de que caiga un rayo sobre ti, es tumbarte en la tierra. He pensado en hacerlo, pero me parecía ridículo tumbarme sobre un charco o sobre el barro. Por instinto, aunque consideres esa opción como la más razonable, lo que quieres es huir del lugar donde te sientes en peligro, lo antes posible, y entonces aceleras el paso, hasta llegas a correr incluso, siendo esto lo menos recomendable. ¡Qué oscura se estaba quedando la tarde… y yo no avanzaba casi nada!

Intentando mantener algo de calma he mirado hacia arriba. Sin saber porqué me he acordado de mi tío Ricardo -también mi padrino-que decían que era santo de tan bueno que fue. Yo era muy pequeña cuando él murió y tengo vagos recuerdos de su presencia en nuestra casa; la alegría que sentía cuando me tomaba en brazos, su cariño, su sonrisa… esa energía tan luminosa que desprendía, las chocolatinas que nos traía y poco más.

A menudo cuando miro al cielo pienso en él, pero creo que nunca lo he hecho en plena tormenta. Mientras me hallaba en ese desesperado intento por llegar hasta la carretera lo antes posible, he recitado como un mantra: "Por favor, por favor, ayúdame. Por favor, ayúdame".

Enseguida, en lo que me han parecido apenas segundos, estaba en la carretera ya, sin casi darme cuenta. Ha sido asombroso. El agua caía a raudales pero eso no me importaba, el mojarme con la lluvia siempre me ha gustado, eran los rayos lo que me preocupaba. Un coche que se dirigía al pueblo, ha parado y enseguida su conductor me ha dicho:

-Anda, súbete. Estás empapada.

Me ha parecido como un milagro. En cuestión de segundos mi situación había dado un giro inesperado y radical. De verme sola y sentirme tan vulnerable, a merced de cualquier rayo desconsiderado, a ser invitada a ocupar un asiento en un automóvil, que iba a llevarme rápidamente hasta el pueblo. Qué afortunada soy.

Me he dado cuenta de que era uno de los paseantes y su perro, con los que me cruzo, y a los que saludo, muchas tardes y me he sentido tan aliviada, segura y agradecida que, aunque no soy de aceptar favores fácilmente y mucho menos de entrar en un coche de un casi desconocido, sin pensármelo dos veces he respondido:

-Por supuesto. Ahora mismo. Estoy muerta de miedo. Gracias.
-Es que de repente la que se ha formado, ¿eh?... Menuda tormenta.
-Sí. Mojarme no me importa nada, pero esos rayos…
-Yo no me he puesto demasiado nervioso porque tenía el coche cerca pero imagino que tú te habrás asustado muchísimo.
-Claro, en medio del campo y sola… tú verás. Ya hemos llegado al pueblo. Si quieres, déjame aquí. Vivo cerca. El peligro ha pasado.
-No, venga, te llevo hasta tu casa. Todavía llueve.

Ha aparcado en la puerta de mi edificio y me ha recordado que un día, él buscaba a su perro que se había extraviado y yo lo encontré. Los dos nos hemos reído, por ese quid pro quo que parecía haberse producido.

-Así es la vida… hoy por ti, mañana por mí.
-Cierto. Así es. Recuerdo el nombre de tu perro, por tantas veces que te escuché gritarlo, pero todavía no sé el tuyo. El mío es Ángel.
-Ricardo.-Ha respondido.
Cuando he bajado del coche, he observado que llevaba en la parte de atrás una pegatina que decía:

DE MADRID AL CIELO.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©

(Mi manera de agradecer estas “coincidencias” es escribir sobre ellas e intentar omitir cualquier tipo de juicio e impresión personal al respecto.) 


Fotografía realizada con estas gafitas que Dios me ha dado 


21 nov. 2014

MIS GAFITAS Y YO

Vemos, vemos... ¿Qué vemos?

Una vecina se ha "liado" con un vecino, y cuando me cruzo con ella en el ascensor, porque va de la casa del amante a la suya, hago como que no sé de dónde viene. Ella sabe que lo sé y sabe que yo sé que ella sabe que lo sé.

Y este vecino con quien está "enrollada", además, tiene una tórrida aventura con la señorita que limpia la escalera. Él sabe que yo lo sé, y sabe que yo sé que él sabe que lo sé, pero me hago la desentendida de maravilla. Especialmente, cuando le veo salir o entrar, del portal, con su mujer de la mano.

Y, por otro lado, el marido de ella, de mi vecina, me "tira los tejos". Y lo gracioso es que me he dado cuenta de que también se los tira a la señorita que limpia la escalera... ¡Qué coincidencia tan divertida! Yo lo sé, pero él no sabe que lo sé. Y yo sé que él no lo sabe, y lo sé, porque me sigue "tirando los tejos" cada vez que se presenta la oportunidad.

Como a mí no me interesa en absoluto verme envuelta en este tipo de relaciones absurdas -ni saber o no saber- y ni siquiera me resulta atractivo el señor, pese a que es muy joven, rubio de ojos claros, etc. al igual que mi vecina; su mujer. Pues, saludo, con mucha educación, a todos y allá se las compongan porque la vida de mis vecinos no es la mía… Yo lo sé, ellos saben que lo sé y saben que yo sé que ellos saben que lo sé... ¿Y qué sé yo cuales son las bases sobre las que se asienta una relación entre dos o los acuerdos preestablecidos?

Eso sí, cada vez que veo a esa niña, tan morenita, que me sonríe al pasar, hija de este matrimonio tan rubio y tan "ojiclaros", que no aparta esos grandes ojazos oscuros de mí, se me "cae la baba"… ¡porque mira que es preciosa la niña!

(¡Huy, me siento un poco como Susanita la de Mafalda…!)

Nota:
En mi edifico nadie utiliza ya gas butano. Creo que se puede inferir, fácilmente, pero por si acaso...

Ángeles Córdoba Tordesillas © 

19 nov. 2014

DOS CALLES

Dos calles se miran en silencio. Cuentan tristes las horas y se lamentan. Por ellas no pasa nadie desde hace tiempo... Sólo el tiempo.

No encuentran el sentido a sus vidas, sin niños que las correteen, arriba y abajo. Sin perros que meen en sus esquinas, ni gatos maullando por los tejados, ni tenderos que pongan puestos para la venta, ni olor a hornos de leña.

Son dos calles olvidadas de algún pueblo abandonado de España. Donde no hay abuelos con bastones sentados a las puertas de sus casas, a la hora de la siesta, que te indiquen como llegar hasta algún pueblo aledaño -con su mejor intención- para que luego te pierdas… Ni mujeres tendiendo la ropa en los balcones.

Por donde el olor a higos o algarrobas se pierde en el aire… Y nadie puede degustar tan maravillosos frutos. Las moras se marchitan y se secan en las matas sin que ningún incauto se pringue las manos, al arrancarlas.

No es la letra de una canción de cantautor, solamente es un relato recordatorio para concienciarnos de que, cosas tan hermosas como éstas, no deberían quedarse en el pasado. Excepto lo de las mujeres tendiendo, bien podrían hacer lo mismo los hombres. Las calles no tendrían ningún problema por ello. 

¡Vamos a ocupar los pueblos que hemos dejado sin nadie! No creemos una depresión a unas calles tan sentimentales…

La vida somos nosotros… Dos calles lo saben.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Cuadro pintado con estas gafitas que Dios me ha dado.

18 nov. 2014

EL NOTARIO

Finales de noviembre. Doy fe.
Calle arriba pasean dos antiguos fieles, del séptimo arte. Escuchan lamentos, procedentes de una casa, que salen por los balcones y las ventanas. Les deja sobrecogidos pero como tienen prisa… continúan su camino. El cine no espera.
Uno de ellos, algo asustado, pensando en que podría estar perpetrándose algún crimen de película, pregunta a gritos, en una inútil advertencia:
-¡Pero qué pasa ahí?!...¡A ver si vamos a tener que llamar a la policía…!
-De eso nada, que no llegamos.
-Lo digo para asustarles… ¡Ahora no te asustes tú!

Así sucedieron los hechos:

En una precario y decadente piso de un céntrico barrio de la ciudad, se han reunido para una partida de cartas, los de siempre: El coro al completo-de la iglesia de santo Tomás de “Aquísí"- la anfitriona que es modista y el desastre del sastre. Todos comparten el amor por el juego “carteril”-de baraja- por la bebida, el cantar y también por las agujas y los hilos. El coro cose y canta, aunque no todo sea en la vida coser y cantar…

Están perdiendo todos y, además de los nervios, el tiempo. Un euro que va y otro que viene. “¡Eh, tranquilo, no toques ese dinero!”, dice uno. “Carta en la mesa, presa”, dice otro. De momento no hay ganador, así que en el centro el montoncito de parné y las manos quietas.

Hubo un follón monumental porque desapareció, de algún misterioso modo que ni siquiera yo sospecho que soy la que lo estoy escribiendo, un billete de quinientos, si es que existen. 

-A quién se le ocurre venir tan cargado, para un relato corto.-Protestó una de las del coro. 
-Sólo he bebido media botellita de whisky, antes de salir de casa, nada más quitarme el pijama.-Se justificó el sastre.
-Pero si no digo eso… estás que no te enteras. ¿Que para qué te has traído un billete de tanto en cuanto, para que ahora tengamos que compartir, además de juego y mesa, este disgusto tan gordo?
-¿Pues qué quieres?... no tenía suelto.
-Tú todo lo tienes bien agarrado, sí.
-¡Ya está el sastre perdiendo los papeles!-Murmuró la modista.
-No, si todavía voy a ser el culpable de que me alguien haya sustraído mi billete, vamos… Un poco de justicia divina, por favor, que entre por el mirador… Yo estoy mareado, no sé qué será… puede ser este vino… ¿De qué cosecha es?...Espero que no me estéis envenenando. Sois muy capaces.
-Teoticles, no le ataques… Él no es responsable de nada. Aquí el único que debe ser juzgado de forma severa es aquél que haya sustraído el billete original.
-¿Original, como el pecado?-Preguntó inquisitivo y desconfiado el mayor de los del "Coro de la Patata".
-Original que no era falso.-Puntualizó el cartero “siempre llama dos veces, menos cuando está cantando en el corillo de la iglesia” que no llama ninguna.
-¡Mira qué bien parece que lo sabes…!-Añadió Raimunda, sospechando, igual que hacía siempre que veía una película de Hitchcock.
-Mujer que no estoy ciego…-Añadió el cartero con voz grave, pues hacía los graves.
-Puede ser que de codicia.-Raimunda, añadió en igual tono grave, pese a que ella se encargaba de los agudos.
-Oíd, por favor, conservemos la compostura… estoy harta de hacer costuras… y esto puede llevar tiempo.-Dijo la modista, señora surrelista que se dedicaba a hacer patrones con marineros, para los diseños de la pasarela “Sibebes noconduscas”
-Debemos llamar a un notario de urgencias, para que sugiera cómo poner fin a este absurdo episodio que solamente va a sembrar la desconfianza infinita, la discordia severa y el escepticismo entre nosotros. Y lo que hay que evitar por todos los medios es que esto termine con estas maravillosas y gratas reuniones, con partidita incluida. Ha de darnos fe enseguida.
-Me parece una excelente idea, pero preferimos, sin duda, que nos lo digas cantando. Por favor, Remedios, ¿puedes decirlo cantando?
-Es un honor. ¡De mil amores!

Y lo dijo cantando. El resto del coro se agregó al estribillo:
-Debemos llamar al notario que esté ahora de guardia, para que venga de inmediato a resolver el misterio, porque no tenemos medios para llamar a “La gata Cristi”…

Cuando llegó el notario, estaban todos tirados en el suelo, con un pedal importante. Los billetes en montoncito inerte sobre el centro de la mesa, cual florero de escaso gusto, y el suelo pringado de bebidas pegajosas.
-'Vaya espectáculo! Es casi bochornoso. Por favor, señores, que tenga que haber ido el perro de la casa a abrir la puerta... que no se diga. No están ustedes en condiciones, ni para trabajar en un ayuntamiento. Más bien tendrían que haber llamado a un cura para que les hubiera dado la extremaunción, yo solo puedo darles la fe extrema. Se la dejo sobre el aparador, repártansela cuando les venga en gana o cuando se les pase las ganas de vomitar, y aquí paz y luego gloria.
-¡Presentes!-Saltaron Paz y Gloria, al unísono.
-Quiero decir que volverán a tener fe unos en otros.
-Y Dios en la de todos.-Cantó al borde del colapso hepático la mayoría…
-Me voy, pero antes deben abonarme la minuta. Son quinientos del ala, ¡hala!
-Ni me molesto en recobrar el conocimiento, ¿para qué…? -Dijo el sastre. Quien acostumbraba a tener la última palabra y a dar la última puntada.- Bueno, me serviré una copita de anís del mono, cada uno bebe aquello con lo que se identifica, y yo me siento monísimo con este conjunto de paño fino, pues con dicho conjunto de paño me apaño, y hecho por mí mismo. Le abriré la puerta para que salga. Educación no me falta.
-Por dios… esto raya el surrealismo. 
-Notario, he notado que es usted tuerto(*) y nos gusta tan poco la mala suerte como la mala pata. No deje caer nada de eso, que ninguna de las dos cosas las necesitamos. No importa, no lo divulgaré, si usted no vuelve más por aquí. Todos nosotros hemos recobrado la fe pero no nos gusta perder más que lo del otro. ¡Fe, Esperanza y caridad! Una buena brisca y un buen copazo. Amén.
-¡¿Para qué se nos requiere!?... ¿Es necesario que nos incorporemos?- Preguntaron, al unísono, Esperanza y Caridad.
-Adiós, señores. Denles las gracias a ese perro tan amable, y un poco de comida, pienso, que pienso estaría bien, por ejemplo. El pobre está famélico, se lo deben gastar todo en bebida... ¡poca vergüenza! Y que más tarde les saque a ustedes de paseo… a que les de el fresco, que arrecia un viento del norte que les va a traer de vuelta a la realidad en pocos minutos. ¡Hasta más ver! Prueben juego, señores… Yo de esas adicciones ya no uso, ahora me he pasado al judo. No me va mal. Buenas noches.
-Adiós Nicanor.-Despidiose el sastre con educación forzada. 
-¿Cómo sabe mi nombre?
-Soy vidente y bisexual, y porque lo dice su tarjeta de visita, la que ha dejado en el aparador de la sala, junto con su factura. Tenga cuidado al salir para que no le atropelle algún vehículo que vaya lanzado.
-¡Por dios, no puede pasarme hoy nada peor que haberles conocido a ustedes! Doy fe… y porque no puedo subastarla.

El feliz desenlace fue el descubrimiento, por parte del perro de raza indefinida, de un agujero en el forro del bolsillo de la chaqueta del sastre, por donde se habían escapado los 500 euros, que encontró el can al lado de la alfombrilla del baño. Se conoce que en un descuido…Y es que en ropa del sastre, cuchillo de palo. Ah no, eso es en la casa del herrero... que no estaba invitado a la partida, porque ni cantaba, ni cosía, ni bebía.

                                                             
Ángeles  Córdoba Tordesillas ©

(*) En España, cuando alguien cree tener una racha de mala suerte, suele decir:
"Parece que me ha mirado un tuerto". Obviamente, no creo en esas supersticiones.Yo soy tuerta.


15 nov. 2014

LA VIDA

Serena y bella,
como una atardecida...
la vida, siempre.

Ángel C.T. ©

Fotografía hecha con estas gafitas que Dios me ha dado.

RUMBO A MÉXICO LINDO Y QUERIDO

Hay alguien que se marcha a México lindo, nada más que para cosas buenas y por cuestiones laborales.
No pondrá lunares de traje de flamenca a la ciudad ni castañuelas adornando los semáforos pero, de sobrado talento y edad juvenil -temporalmente hablando-, alegrará el panorama empresarial con apañados conocimientos sobre el tema.
Aprovechará a rendir homenaje masculino a alguna doncella de ojos oscuros, y risueños, pincelados por el buen hacer de un Creador que se embelesó de belleza adornando esas caritas “mexicaneras”, con sus trenzas a lo Pocahontas…
Intercambiará impresiones y tal vez algún beso romántico a la luz de la mexicana luna, de parajes para turistas soñadores.
No se meterá en ningún lío imprevisto… los justos, para divertirse sanamente. Es de vida tranquila y feliz, como deberían ser, por ejemplo, las navidades.
Y volverá cuando el billete de avión mande. Le esperaremos con los brazos abiertos y entonando una ranchera para que haga juego con su experiencia más allá del Charco.
El orgullo ha escrito estas líneas. Y mis gafitas  quedan prendadas de este amor que me embarga el corazón.
Buen viaje y buena estancia, mi vida. Disfruta mucho ¡y que te vaya bonito!
Te mereces todo lo mejor. Te lo digo yo... que soy tu madre.

Ángel C. T. ©
Fotografía hecha por mi hijo, desde la azotea de su apartamento de México D. F. 

12 nov. 2014

UNA HISTORIA SIN PIES NI CABEZA... (SEGUNDA PARTE)

Tras prolongadas pesquisas y una infructuosa búsqueda en facebook, Ambrosio, ahora conocido por todos como Inés Leonor, logró encontrar a la donante de su nombre y, a su vez, poseedora del suyo a causa de aquella amistad fulminante, en un anuncio por palabras en la sección de contactos de un periódico que tiene un suplemento especial los domingos. Enseguida le llamó la atención lo que vio escrito:

“Inés Leonor original, busca”.

Supuso que era un mensaje en clave, de sol, fácilmente descifrable. Rápidamente se pusieron en contacto telefónico y se citaron en la esquina en donde había tenido lugar aquél encuentro, flamante y peculiar, el día de autos, pero más de cornisas.

La alegría fue mayúscula por ambas partes. -Seguramente debería escribir alegría con mayúscula para que esta afirmación fuera más gráfica pero no me da el ingenio para tanto- Prosigo, no obstante.

Ella se presentó vestida de forma sencilla como acostumbraba. Portaba un ligero y elegante orinal en la cabeza y un bolso a lo titiritero, a juego con la blusita de fino estampado, algo escotada, sin ánimo de provocación alguna, Dios la asista. Iba, sin lugar a dudas, mucho más cómoda que aquél inolvidable día.

Ambrosio, alias Inés Leonor en la actualidad, a espera del anhelado intercambio de nombres por segunda vez, se presentó con el mismo traje y por ende con aquella histórica y deslucida chaqueta, aún sin llevar a la tintorería; pues tenía pánico a que se encogiera y desagradables pesadillas por las noches, cuando dormía, por la misma chaquetera razón.

Se saludaron con una sonrisa y un estrechón de manos, para guardar las apariencias… en el bolsillo.

Quiero destacar el hecho de que, a pesar de la mutua simpatía y empatía-especialmente esta última- que ostentaba esta pareja y de que la forma de conocerse pareciera haber sido argumentada por un enrevesado y despiadado destino para que culminara aquello en una relación sentimental; ya que, aunque ella apenas había cumplido los ochenta y dos años y él ya había hecho los cuarenta y seis, no era esto óbice para que no se hicieran pareja de hecho -pues ambas cifras sumaban diez, con lo cual no hubiera habido ningún conflicto de intereses numerológicos-sino porque el hombre estaba felizmente casado y ella vivía con su loro, y estaba acostumbrada a escuchar los silencios entre monólogos.

Así que cuando expresaron su felicidad, después de ese periplo nominal e informático, por conseguir encontrarse, se contaron sus aventuras hasta llegar al día presente. No me refiero a las amorosas, ambos eran celosos y también de su intimidad. Dijeron de quedar como amigos para el resto de sus vidas -y los amigos de sus amigos son los amigos de todos-.Y se sintieron dichosos por tener la oportunidad de recuperar sus identidades perdidas. Se despidieron, sin ir a tomar nada en una cafetería que había allí cerca muy mona, con escaparate que daba a la Calle Arenal. Ninguno de los dos lo propuso y tampoco hacía mal día como  para estar un rato a la intemperie. Además, había que tener en cuenta que él aún estaba en paro, seguramente de forma injusta, sin un fundamento más que la desaprobación de un género femenino no atribuible a su genético cuerpo de caballero, pero ése es otro cantar de cantares.

Finalmente, como ya no había peligro de intercambiarse accidentalmente más que el orinal de ella, al que no le tenía demasiado apego, pero que le sentaba fenomenal, se fundieron calurosa, afectuosa y literalmente, en un abrazo de despedida provisional, hasta que volvieran a encontrarse en algún otro anuncio por palabras o en cualquier cine, un día del  espectador -domingos y festivos tiene otro precio-, por el aprecio mutuo que se habían tomado.

Desde que son una misma persona, cada día realizan al alimón, las labores del hogar, primero, y después se dedican a enviar los currículums de Ambrosio. El entendimiento entre ellos es perfecto, el único problema es que la mujer, por parte de él, o sea, de la parte masculina de esta fusión, no termina de estar cómoda con ella. Especialmente, como es de imaginar y comprender, en los momentos de intimidad, a pesar de que, -eso nunca lo pone en duda la esposa- los modales de Inés Leonor son exquisitos, absolutamente irreprochables, y tiene buenas formas hasta en los peinados.

-Ambrosio a mí esta fusión me convence menos que un paraguas de papel y con agujeros.

Ambrosio como no era hombre de discutir se calló e Inés Leonor dijo por él:

-Pues señora mía, tiene usted toda la razón, pero… son cosas de las amistades de hoy en día.

Ya lo decía mi abuela… a sus noventa y pico años “Es que los tiempos del futuro no serán como los tiempos de ahora”…

El loro, por su parte, ya que también tiene pico, sin el noventa delante, le da la razón a mi abuela, aunque al pobre animal solitario, nadie le ha preguntado nada. Sigue en la casa de Inés Leonor esperando a que, su fusionada amita, pase a darle de comer cada tarde a la misma hora. Está algo más flaco y está aprendiendo a recitar versos para superar la depresión que le produce esa soledad impuesta.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


El pobre y mustio loro de Inés Leonor, llevando fatal la situación actual. 

9 nov. 2014

DIURÉTICOS

Apresuradamente, entra en un bar y dirigiéndose al camarero, muy nerviosa, le dice:
-Por favor, por favor, necesito ir al baño. Es que estoy tomando diuréticos...
-Por allí- Le indica él.

Aparece en escena otro camarero, el que atiende las mesas, y le pregunta al primero:

-¿Qué decía?
-Que quería ir al baño por no sé qué de ético…
-¿De ético?... Ah, ¡ésta es una revolucionaria!


Ángeles Córdoba Tordesillas © 

ACARICIARTE

Dedos de nubes,
con los que acariciar
tus pensamientos...

Ángel C. T. © 

Fotografía hecha con estas gafitas que Dios me ha dado.

8 nov. 2014

EL MAGO

Mago de sol.
De cicatrices
consentidas…
De niebla, de viento.

Mago de voz ancha.
Que no he visto…
De mirada tenue,
que no escucho.

Mago de temperaturas altas.
Descolocándome el vestido
y los argumentos.

Mago de travesuras.
De desvanecimientos...

Mago de mi magia.
Sin varita o con ella.
Pero gran mago

De frágil coraza.
De corazón alado.
De chistosa chistera
y elegantes parábolas.

Te espero.
Ese refugio es sólo nuestro.

Ángel C.T. © 

Dibujo realizado con estas gafitas que Dios me ha dado.


4 nov. 2014

POCO A POCO

Hago incursiones en tu corazón,
en mis ratos libres.
Tú lo sabes y lo consientes.
En el fondo será que te gusta.
Camino, a tientas, por la pasión y la alegría,
entre latido y latido.
Nos reímos juntos por tonterías.
Pasan las horas sin darnos cuenta.
Cuenta, cuenta…
Cuéntame de tu vida, de tus emociones, misterios,
quizá de tus otros amores…
O mejor calla, callemos.
Dejemos que cante la confianza.
Sé que suceden personas y cosas alrededor,
fuera, en universos paralelos.
Sin embargo, las posibilidades están ahí, para nosotros.
La felicidad quiere invitarnos a su casa este fin de semana,
promete poner buena música y dejarnos bailar agarraditos.
Yo no tengo nada mejor que hacer… ¿Y tú?
Es buena anfitriona, dicen.

Ángel C.T. ©

"Pareja". Pintura realizada con estas gafitas que Dios me ha dado.





3 nov. 2014

LA HABITACIÓN DEL HOTEL

-Hola.
-¿Cómo has tardado tanto? Llevo dos horas esperando para dormirme.
-Hija, estaba alternando un poco.
-Mamá ya no se dice alternar.
-¿Ah no? ¿Y cómo se dice entonces?
-Pues relacionarse socialmente…
-Bueno, pues estaba relacionándome socialmente.
-¿Con quién?
-Pues con las personas que había abajo, en el salón, de mi edad.
-Mamá, tienes ochenta y dos años…
-¿Y qué?
-Que no había abajo nadie con tu edad.
-Pues parecía la más joven de todos. No he parado de bailar y de divertirme. ¡Yo creo que hasta he ligado!
-¿Y no estás cansada? ¡Creía que no ibas a subir nunca!
-Pues no mucho la verdad. ¿Por qué iba a estarlo? Estamos de vacaciones.
-¿Porque nos hemos levantado a las siete para ir de excursión y no hemos parado de andar en todo el santo día…? Yo desde luego tengo los pies molidos. Bueno, el cuerpo entero ¡y mañana de nuevo tendremos que madrugar para visitar las dichosas cuevas!
-¡Hija, cuánto protestas! Total, por unos cuantos kilómetros y algo de ajetreo… Parece mentira con lo joven que eres…
-Ya estamos, con el “parece mentira”. Mamá, no soy tan joven voy a cumplir los cuarenta y cinco.
-Huy hija, cómo me lo estás poniendo para hacer la rimita.
-Y ya peino canas.
-¡¿Qué vas a peinar tú, con cuatro canas que tienes?! ¡Sabrás tú lo que son canas… ¡Por cierto voy a desenredarme un poco la melena!
-¡Pero bueno, ¿cuándo te vas a acostar? ¿Es que no puedes parar?!
-Ya va, ya va… Me estoy preparando para dormir.
-Pues a ver si es verdad, que estoy que me muero de sueño y no apagas la luz ni a tiros.
-¡Qué expresiones tienes, hija! Parece mentira… Cualquiera diría que te has educado en un colegio de monjas.
-¡Ay mamá, dónde estarán ya las monjas!
-Pues yo me lo he pasado de maravilla en el baile. Para una vez que voy a un hotel tengo que aprovechar a relacionarme un poco socialmente, como tú dices. Debo hacer nuevas amistades…
-Sí, sí, lo que tú digas.
-Así, de vez en cuando, podemos quedar, una vez estemos en nuestros respectivos lugares, a tomar un café, ¡o a lo que surja…! con alguien que conozcamos aquí.
-Mamá, si tú no puedes tomar café. Siempre has dicho que te ponía como una moto cuando eras jovencita, conque imagínate ahora…
-Ay hija, a todo le sacas punta. Pues una infusión, ¡total lo mismo da!
-Vale… ¡¿Pero cuándo te acuestas... por el amor de dios?!
-Ahora mismo. Ya me queda poco.
-Pero mamá, ¿cuánto es poco?…
-Poco es poco.
-¿Qué haces ahora?
-Lavando la dentadura.
-¡Ay por dios! ¡Si parece que estás  batiendo huevos!
-Hay que dejarla bien limpia... Por ahí parece que había uno que me miraba mucho…
-Ya, ¿y ahora qué?
-Estoy recogiéndome el pelo. Me pongo los bigudíes…
-¡Pero mamá, que hoy no dormimos!
-Hija, ¡pues duérmete tú! qué estás de pesada… No sé a qué esperas. ¿Por qué no te has dormido ya?
-Si no puedo, con el escándalo que armas para hacer cualquier cosa… Me acuerdo cuando era pequeña que me despertabas dos horas antes de irte de casa, con tus trajines y tus preparativos. Mira, es que me descomponía…
-Tienes el carácter fuerte como tu padre.
-Ya estamos. No sé yo, si me voy a arrepentir de haberte traído a este viaje...
-¿Cómo? O sea, que encima que te dejo que me acompañes…
-¡Pero mamá!... ¡Eres el colmo!
-Carácter fuerte…
-Sí, como mi padre… ¡Que yo no sé como podía aguantar tanto el pobre…!
-Porque me amaba locamente
-Y tan locamente… porque desde luego, debe ser la única forma posible de amarte.
-¿A que enciendo el transistor para dormir?
-No, por favor.
-Vale.
-Desde luego, mamá, eres única; toda la vida amenazando…
-Anda, anda, no protestes.
-¿Y cuando terminas?... ¿Te queda mucho?
-¡Ay, que no! Ya termino.
-¿Pero qué haces abriendo el armario otra vez?
-Qué pesadita hija…estoy preparando la ropa que me voy a poner mañana.
-¿Y no sería mejor que la preparases mañana?
-No.
-¿Por qué?
-Porque mañana estaré medio dormida cuando me levante y no sabré lo que elegir.
-La que estaré dormida seré yo, ¡pero enteramente dormida! no a medias ¡Madre mía!
-¿Mande?
-¡Huy, adónde te mandaría yo…! Por favor hazlo mañana.
-Que no. Que ahora estoy inspirada.
-Por dios mamá, que no vamos a la Pasarela Cibeles.
-Ya, pero para unos días en que puedo lucirme un poco.
-Vale, haz lo que quieras, me rindo, pero termina pronto te lo suplico
-Ya está.
-¿Qué miras debajo de mi cama?
-Las medias que  no las encuentro. ¿A que me las has cogido tú sin darte cuenta?
-Sí, ahora soy cleptómana… no te digo.
-Bueno me tomo las pastillitas y listo.
-Por fin.
-Un pis y hale, a la cama.
-¡Ojala! Bendito momento. ¿Llegará?
-Como te gusta chincharme…
-Encima. ¿Y eso qué suena ahora, qué es?
-La cisterna que parece que se ha atascado.
-¡Ah, me da algo!
-Hija, qué poca paciencia, con una anciana…
-Eso, ¡¿ahora eres una anciana?!
-Venga que me acuesto… ¡Ay, que no me he echado la crema! Normal con esta presión que me estás metiendo, se me olvidan las cosas…
-¡Uffffffff!
-Buenas noches hija, que descanses.
-Ay sí, que lo necesito de verdad. Y descansa tú también… de ti misma
-¡Qué poquito has salido a mí, hija! Parece mentira…
-Afortunadamente, afortunadamente. Buenas noches, mamá querida.
-Buenas noches hija.
-¡Mamá! Te has dejado la luz encendida.
-ZZZ…RRRRRRRRRRRR…ZZZZ…RRRR
-¿Qué es eso?
-RRRRRRRRRRRRR
-¿¡Mamáaaaaaaa!?
-RRRRRRRRRRRRR
-Lo que me faltaba, ¡encima ronca!
-RRRRRRRRRRRRRRRRRR
-No lo puedo creer… ¡Ay, pobre de mí! ¡¡¡¡¡Y me quedan seis días y seis noches, con ella!!!!!

Ángel Córdoba Tordesillas ©


2 nov. 2014

OTOÑO Y ESTADOS EMOCIONALES

Tiempo de otoño.
Nubes emocionales,
tan pasajeras...

Ángeles Córdoba Tordesillas ©

Fotografía hecha con estas gafitas que Dios me ha dado.

EL KAMIKAZE

Tenía vocación de obispo pero algo salió mal en el parto y se hizo kamikaze.
Iba a trabajar todos los días, pero no necesitaba fichar. Tenía pagas extras de multas y vacaciones dos veces al año que no se tomaba… -Eso es devoción al trabajo, sí señor-.
Hace un tiempo abrió una escuela de “kamikazismo”, y comenzó a hacer un negocio bárbaro. Todo un éxito. No sabía que iba a convertirse de la noche a la mañana en empresario. Pero el destino es así… caprichoso.
No obstante, echaba de menos esas horas conduciendo en dirección contraria al resto.
Temió que esto le llevara a una depresión, de algún río, y tomó una drástica decisión. Sí, era persona de decisiones rápidas e impulsivas… especialmente en las situaciones en las que se requería tranquilidad y sensatez. Una joya de hojalata, vaya.
Así que dejó la escuela y se subió de nuevo a su funesto auto, sin demasiadas expectativas, por si acaso…
Se sintió lleno de satisfacción cuando vio que todos sus alumnos iban ahora en su misma dirección. Puede que ya no fuera tan excitante ir a lo bestia por la M-30 pero oye, era entrañable ver cómo todos aquellos pupilos le seguían…
Me estoy conteniendo la emoción… Lo siento, no puedo continuar.
Espero que lo entendáis… Os podría pasar a vosotros…¡en dirección contraria, claro!

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


PINTAR Y ESCRIBIR

Pinto por no besarte.
Mis pinceladas son los besos
que no puedo darte.

Escribo por no poder acariciarte.
La ausencia de caricias
son estas palabras.

Y escribo y pinto.
Y pinto y escribo…


Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Acuarela pintada con estas gafitas que Dios me ha dado. 

DOS

Embelesa-dos
Abraza-dos
En-amor-a-dos

¿Y tú y yo?...

Hace buen tiempo
cariño… paseemos por nuestro devaneo,
“en-poema-dos”

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Acuarelita realizada con estas gafitas que Dios me ha dado.

1 nov. 2014

LA POESÍA MÁS BONITA DEL MUNDO

Te escribo la poesía más bonita del mundo.
Una poesía que nadie más que yo te escribirá.
Te habla de sentimientos y complicidad.
Y de mucho más.

Aunque en realidad,
tal vez no sea necesario decir nada.
A veces las palabras no ayudan,
sino que embadurnan lo que es ya claro, diáfano,
como la luz del día.
Como hace la tierra con el agua,
convirtiéndola en barro.

(A mí me gusta el barro, la arcilla…
es un buen material para crear.
Con ella podemos modelar lo que deseemos,
hasta un amor sincero).

Así que, como tú quieras, puedes elegir una poesía muda;
que no contenga palabra alguna, como ésta:

……….
……….
……….

O puedes quedarte con todas estas palabras,
escritas con pasión y devoción.
En el amor y en la paz, todo vale,
menos la indiferencia.

Si quieres hacemos un trueque
y cambiamos este montón de palabras, que ya son tuyas,
por besos que te llenen la cara, el cuerpo y el alma.

Tú eliges, de momento.
Porque esta poesía es para ti.
La próxima… no lo sé.

Ángeles Córdoba Tordesillas. ©




TÚ PUEDES

Gonzalito, de tres años de edad, estaba importunando mucho a su madre pidiéndole, insistentemente, que jugara con él a algo. Ella, inapetente y muy enfrascada en las tareas propias del hogar, se negaba una y otra vez, explicándole:
-Mira hijo, en otro momento, ahora no, que mamá no para... que está muy cansada.

Entonces él la intentó persuadir con tono muy convincente:
-Ánimo mamá, que tú puedes, ¡que eres un machote!

Ángel C. T. ©