Desde mi nube y con gafitas

“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a la Tierra para experimentar lo que era ser humano. Adoptó la forma de mujer. Sólo bajó con lo puesto… unas preciosas gafitas que Dios le había regalado y una nube pequeña, desde donde miraba cada día todo lo que sucedía entre el Cielo y la Tierra. Sólo a través de esas gafitas podía ver nítidamente el mundo y a las personas que vivían en él. Sin ellas se sentía desorientada, perdida, pues todo se volvía invisible e incluso ella misma, ya que ni siquiera podía percibir su propio cuerpo. Esta historia está contada por ese ángel que, a través de la narración de sus peculiares observaciones, intenta representar el mundo que ve.”

Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.

Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.

Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.

6 abr 2015

SOLOS

Otra vez solos
y con nuestros anhelos
el campo y yo.

Ángel C. T.

Fotografía hecha con estas gafitas que Dios me ha dado.
 

6 comentarios:

  1. Qué complicidad tan bonita. Buena compañía para compartir intimidad "el campo y yo"....me encanta

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    1. Gracias, Susana. A ver si un día, os animáis, nuestros amigos y tú, a reuniros con nosotros. Os esperamos.

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  2. El campo y tú....a fin de cuentas tú, porque eres el campo. Bonita "soledad" compartida.
    Me gusta el haiku con esa foto porque te veo perfectamente.....un abrazo, amiga

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  3. Tu precioso campo, ese que conoces tan bien, con sus atardeceres hermosos y llenos de luz.

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    1. Sí, ése mismo, Manolo... El que conozco tan bien y el que me va conociendo también a mí. Gracias.

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