Desde mi nube y con gafitas

“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a la Tierra para experimentar lo que era ser humano. Adoptó la forma de mujer. Sólo bajó con lo puesto… unas preciosas gafitas que Dios le había regalado y una nube pequeña, desde donde miraba cada día todo lo que sucedía entre el Cielo y la Tierra. Sólo a través de esas gafitas podía ver nítidamente el mundo y a las personas que vivían en él. Sin ellas se sentía desorientada, perdida, pues todo se volvía invisible e incluso ella misma, ya que ni siquiera podía percibir su propio cuerpo. Esta historia está contada por ese ángel que, a través de la narración de sus peculiares observaciones, intenta representar el mundo que ve.”

Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.

Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.

Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.

30 nov. 2015

A BUEN RITMO

A ritmo lento.

Que la pasión y el juego
fluyan, interminables,
como aullidos
de lobos hambrientos…

A ritmo de estrellas,
de luceros, de mares
y galaxias
en movimiento.

Al ritmo que llega
besa y pasa.

Amémonos,
a nuestro ritmo.

Sin tener en cuenta el tiempo,
siempre ajeno
al amor y otras danzas.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©





ABRAZANDO LA VIDA

Renacer cada día.
Abrazar cada momento.
Amar sin detenerse,
sin cuestionar,
sin juzgar, sin retrocesos…
Renacer y abrazar.
La vida está para ser amada.
Es su instinto maternal
lo que me enternece.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Obra de su autor.

29 nov. 2015

SOBRE LA PUREZA

Puede que sea cierto que el corazón se mantiene puro, cual bebé, en el seno materno. Para ser después niño de vivos deseos, de juegos inocentes, risueños, no hirientes. Luego a la vez, cazador y presa, en su futuro de adulto.

Pero dentro, ese corazón latiendo…

¿Será verdad que se conserva algún residuo de pureza no perecedero antes de la muerte?

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


28 nov. 2015

RAMAS

Ramas desnudas.
Tan dignas sin sus hojas
como vestidas.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Fotografía hecha con estas gafitas que Dios me ha dado.

EN BUSCA Y CAPTURA

¡Detengan a ese sticker... me ha robado el corazón!

Ángeles Córdoba Tordesillas ©



AQUÍ

Aquí sentada, respirando…

Me aferro a un suspiro de magia,
a un hálito de fantasía.

Las estrellas entran en la morada del alma
Luciendo, con sus destellos plateados,
sobre la cumbre de la esperanza,
iluminando otros sueños.

Renunciar a más ya no puedo o no sé.
O no sé y no puedo.
Tú has sido mi jardín.
Mi luz en las noches.
Mi agua en el desierto.

Y me aferro a la memoria
ondulante
que pasea revoltosa
entre mis miedos,
con tu sonrisa en sus manos.
Como si eso me fuera a traer alegría,
o la dulce danza de la paz.

Me aferro a la sombra de la nada.
Porque eso es lo que me queda
después de verte partir…

Y sé que no es bueno aferrarse
ni para el corazón un consuelo.
Lo sé.

Aquí… sentada… respirando…


Ángeles Córdoba Tordesillas ©


27 nov. 2015

CON LA ALEGRÍA HEMOS TOPADO

Por un suceso cualquiera, tal día como hoy, entró el Agobio, soltero todavía y mal vestido,  por la puerta de la casa de la Alegría:

-¿Qué me traes ahí, esa cara compungida como ninguna, cuando blanca está más bonita, del color de la luna?
-Es que estoy todo arrebolado y de paso, enojado.
-Dime tus quimeras, carencias o vertientes del alto Ebro, vida mía, no me dejas otro remedio que entenderte... y de forma gratuita.
-¡Qué gran consuelo eres, Alegría!
-Es que me temo que si no lo hago, me vas a dar el día.
-Ven acércate a mi corazón y te susurro mi canción.
-De eso nada, monada, que me contagias la apatía. Haré lo que pueda pero desde aquí mismo, que todavía tengo que preparar el almuerzo. Te echo una sonrisa para que te vayas contento y déjame que siga con mis remiendos… todos los necesitan. Son como mimos pero llenos de colorido extra.
-Pues confiar en ti quería. Es que no veas qué mañana llevo… todos los bosques se vuelven contra mí y se me encogen.
-¡¿Pero qué dices, qué bosques son esos?!… de mala calidad, como poco. A ver si te han tangado donde quiera que los hayas comprado.
-Pues de hayas se trata, precisamente. ¿Qué sabes del tema, exactamente?
-¿Un bosque de hayas?  Pues ve y que te lo cambien por otro de robles, son más elegantes, y mucho más nobles, y no te encogerán ni el corazón. Di que vas de mi parte. No te pondrán pega alguna y si lo hacen, no les paso ni una de aquí en adelante.
-Gracias por tu consejo, Alegría, vaya cómo te esmeras con tus enemigos… me has alegrado el día. Qué afortunados pues, tus amigos, que se llevarán tus mejores consejos envueltos o puestos, o sea la mejor parte de este cuento.
-¡Con Dios, Agobio vecino! a ver si se te soluciona eso y no te veo en un año o en un siglo.

Desde luego… es que no sabe una cómo hacer ya, para seguir la corriente a esto locos de tornillos flojos, sin sistema de conducción eléctrica alternativa ni agua corriente. El caso es que se vaya dando saltos y que me deje con lo mío. Tan feliz que está una y ni asomarse a la puerta puede, sin que le venga alguno con una monserga de aúpa. ¡Vaya, con su bosque de hayas!… Anda, anda, que siempre tenemos una excusa para sentirnos mal. Haya querido la vida que se vaya y no vuelva, aunque sea sin su mala sombra, nunca más.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


La alegría de vivir. Henri Matisse. (Francia 31/12/1869-3/11/1954)

26 nov. 2015

TU NOMBRE

Tu nombre.
Es la primera palabra que pronuncio al despertar.

Tu nombre.
Es la primera palabra que pronuncio al nacer,
cada día.

Tu nombre.
Es la última palabra que pronuncio antes de dormir.

Tu nombre.
Es la última palabra que pronuncio antes de morir
cada noche.

Tu nombre…
Tu nombre…
Tu nombre…

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


25 nov. 2015

MARATÓN TELEVISIVO

Uno, dos, tres, algo para picar, cuatro, cinco, una escapada al servicio, seis, siete... Otilio terminó con un dolor de cabeza terrible, viendo tanto programa seguido de televisión. Era sábado y tenía que hacerlo. Era el ritual acostumbrado para no pensar. Qué maravilloso era estar vivo, pese a todo…
  
Hubo un tiempo en que compartía piso y vida en pareja con Sabrina. Hacían proyectos que nunca habrían de realizar. Pero, aún así, era fantástico tener con quien imaginarlos. Los fines de semana, juntos, eran una delicia. Los echaba de menos pero… intentaba no amargarse la vida por culpa de la decisión precipitada de ella. 

Se dijo así mismo que era estupendo ver siempre las cosas de forma positiva. Sí, era hombre afortunado por ser así. 

Y al día siguiente, ¡la final del partido de fútbol! Podría pedir una pizza y algunas latas de cerveza. Estupendo, no tendría que fregar un plato… ya no quedaba ninguno limpio de la vajilla completa. Todo era formidable... nunca entendería porqué ella se marchó. Lo que se estaba perdiendo… Otro hombre como él, no lo iba a encontrar fácilmente. 

“Desde luego, a las mujeres no hay quién las entienda. No saben lo que quieren. Y pese a mi probada esterilidad, siempre podríamos adoptar, si se le hubiera encaprichado ser madre; como cuando se le metió entre ceja y ceja, matricularse en la universidad para hacer una carrera, así, a sus treinta y tantos, y se lo permití, sin problemas. Abierto, como soy, al diálogo en pareja... En fin, mejor es no seguir dándole vueltas al tema, no me lleva a ninguna parte.

...Y teniendo un futuro profesional asegurado. ¿Quien podía decir eso, en tiempos de crisis? Con un puesto estable, de enterrador. Con las ventajas de trabajar para el Estado. Menudo chollo soy yo… Podía ofrecerle una estabilidad económica, una seguridad; siendo mujer tan insegura para todo, como era ella…  

Cada vez que recuerdo que decía que la trataba como a una perra, sólo porque le hacía recoger mi ropa interior con los dientes para echarla a lavar, es que me entra una mala leche impresionante. ¡Nada más era un juego inocente! Nunca entendió mi sentido del humor… Y de la noche a la mañana, se larga... Total, porque algunas veces se me fue la mano... 

Que no tenía detalles, decía… y la trataba como a una princesa. Y todo le parecía poco. ¡Si hasta le regalaba coronas de flores estando viva… aún…! ¡¿Qué más quería que hiciera por ella?!” 

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


24 nov. 2015

¿BUSCANDO RAZONES PARA TENER RAZONES?

A veces entendemos justamente lo contrario de lo que alguien nos quiere expresar. Ante el asombro y el estupor del autor de aquella expresión. Y el mayor halago del mundo lo convertimos en el más grande de los agravios, dando por supuesto que estamos en lo cierto y actuando en consecuencia, con una reacción basada en un error que nos mueve a una actitud vengativa.

Al final, a pesar de la tristeza o frustración que pueda producirnos el no haber sido comprendidos, es mejor responder con el silencio al que habla desde ese lugar. Cualquier palabra podría convertirse en un arma  letal y cualquier amor en una guerra.

En definitiva, cada uno entiende lo que quiere entender. Y sólo cada cual conoce y comprende, o no, sus verdaderas razones.

Es posible que se prefiera interpretar algo nacido de un bello sentimiento como una ofensa, para no tener nada que agradecer, o al menos apreciar, y justificar ante sí mismo la indiferencia hacia aquél.

Eres dueño de tus decisiones, afortunadas o desafortunadas... y los demás las hemos de respetar, aunque nos duela. Yo soy de las que respeto. Y de las que evita, en la medida de lo posible, infringir a otro ni un ápice de dolor, al menos de forma consciente, porque tampoco me gusta padecerlo. Y además sé pedir disculpas, siempre y cuando tenga motivos para hacerlo pero no por malas interpretaciones que nada tienen que ver con mi voluntad.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


23 nov. 2015

UN POEMA DE LUJO

Tú no eras para mí un poema barato.
Uno de esos que se escribe en cualquier marquesina esperando el autobús.
Uno de esos que se esboza a medias y se termina en otro momento.
Uno de esos que se prolongan innecesariamente en el tiempo.
Uno de esos que no tiene gracia, aunque rime, ni color, ni alegría.
Uno de esos que la gente escribe de compromiso, como los anillos.
Uno de esos que no luce, ni en día soleado.
Uno de esos crípticos e insociables.
Uno de esos que llenan de locura y sinsentido los versos.
Disparatado, incoherente, caprichoso, azaroso...
Uno de esos que juega a la pasión frívola y efímera.
Tú eras para mí el último poema que quería escribir.

Ángeles Córdoba Tordesillas. ©


Retrato de la poetisa Ana Ajmátova, por Amadeo Modigliani. (12/7/1884 Livorno-24/1/1920 París)

SILENCIO GENEROSO

El silencio tiene todo para darte.
Pero si te acercas con tu ruido a robarle,
el silencio no se deja.
Se vacía, se extingue, se esparce...

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Fotografía de su autor. 

22 nov. 2015

TARDE DE BRUMA

Tarde brumosa.
En niebla de recuerdos
los pensamientos.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Fotografía hecha hoy mismo, con estas gafitas que Dios me ha dado.

UN DÍA BONITO... POR DENTRO

Todo en calma. A merced de los acontecimientos que narraré a continuación:

Tenían proyectado ese día de campo, desde que nacieron. Así que era domingo, en medio de una ola de calor que derretía hasta las varas de las sombrillas y fundía el metal de los enganches de los puentes dentales. Mucho calor, para pasmarse. Toda la familia al completo con sus respectivas tarteras de plástico.

A la orilla del río, los niños jugaban aturdidos con algo de agua que quedaba, más que en un charco, tras esas altas temperaturas y las exiguas lluvias de la última primavera. Los caracoles, con sus cuernos bien puestos, paseaban presumidos sobre las piedras. No había palmeras porque no era el desierto, tampoco hay que pasarse, ni Alicante siquiera.

Bajo la sombra de un árbol de copa ancha se cubrieron las espaldas del sol vengativo, como el que más, cuando a uno le pilla distraído y con cincuenta grados a la sombra.

-¿Para qué te has traído las castañuelas, hija, con el calor que hace?
-Para ensayar. Tengo una clase de flamenco consentida por ambas partes, examen incluido, a mediados de esta semana en la escuela primaria BBB, de bailes bien bailados.
-Con lo bien que hubieras estado, como tus hermanos, a flote en estas aguas turbias de tres centímetros de profundidad, sin banalidades castañeriles.
-Papá, que ya no tengo nueve años… por favor…he cumplido diez la semana pasada.
-Disculpa a tu padre, hija, hay cosas que se me pasan por alto, como la azotea de la casa que todavía no la he estrenado y está allí desde que la compramos o eso decís, o como el hueso del perro cuando tu madre se lo lanza desde lejos.
-No te preocupes papá, te quiero a pesar de todo, sé que estás en una edad difícil, cerca de la adulta, y nos hacemos cargo. Tendremos toda la paciencia que haga falta contigo.
-Gracias, hija. A veces escuece tanta comprensión filial.
-¿Qué más puedo hacer por ti?
-Nada, ya es bastante con saber que estoy aquí y que a pesar de que no te he parido he contribuido, y lo sigo haciendo, a tu manutención formidable, yo, hombre de gustos sencillos. Y mira qué nubarrón negro nos viene por derrame del cielo. Y al fondo a la derecha se abren algo esas otras nubes y un rayo de sol ahora me ha entrado en el ojo, como inmigrante llegado en patera hasta la costa española. Perdona, hija, he dicho que no te pedía nada, pero si me haces este favor temprano de interponer tu cuerpo entre el sol y mi rostro, que me está haciendo polvo las retinas, te lo agradeceré toda la vida próxima, como si fuera ésta.
-Por supuesto que sí, papá, aquí estoy yo para que no te ciegue el sol y venga esa sangría nacional con rodajas de fruta fresca, sin alcohol y para niños superdotados.
-Mira, la mayor ya está despatarrada y estirando las piernas hasta un país vecino y la pequeña está jugando con un diplodocus de la edad del pavo.
-¿Un diplodocus? ¿Y de dónde lo ha sacado?
-De la edad del pavo, te digo, seguramente prehistórico. No te lo puedo afirmar con certeza porque no lleva matrícula, ni por detrás ni por delante.
-Ah, entonces no tenemos nada de qué preocuparnos.
-Según...
-¿Por qué dices según, Segundo? ¿Echa fuego por la boca?
-Así es. Será por la crisis. Yo no le daría demasiada importancia... no vaya a ser que si se lo retiramos de la vista a tiempo, la niña se nos traumatice y el traumatólogo está de baja.

Una tormenta innecesaria les pilló sin recambio para las piernas y no les dio tiempo a salir corriendo… Así que un rayo celestial les abrió, amablemente, las latas de conservas y las chapas de los botellines de cebada líquida, ya más calientes que un sapo de verano.

-Recogeos rápido que estas lluvias infiltradas nos van a fastidiar la jornada campestre. Vamos, esas castañuelas que se te escapan entre los arbustos y te salen por peteneras.
-Niños, quitaos ya los chubasqueros de encima de los trajes de baño que os vais a mojar ahora sí que sí y de lo lindo.
-Mami, la goma del cabello se me ha encogido y no me entra la coleta. No puedo soltarme el pelo, soy demasiado joven para ello, y se me enfosca como una verbena de pueblo… y luego, a última hora de la tarde tengo una cita con un chico que me gusta bastante.
-Pues toma la cinta de la parte superior del bikini de tu hermana, no es tan moderna como tú, pero dada su corta edad aún, seguro que no le importa refrescar sus encantos al viento.
-Bueno. Se la pediré pero tengo serias dudas de que vaya a entender la situación momentánea.
-Ni hablar, no me quito la parte de arriba ni harta de sangría infantil que ya se me nota algo de bulto.
-Si no se te mueven ni al bailar las sevillanas…
-No, no te empeñes. A veces es peor el remedio que la enfermedad. Que se te rice el pelo y yo tapada como es debido. Somos una familia numerosa pero decente.
-Pero no sigáis discutiendo que tenéis tres lagartos haciendo cola para tumbarse sobre las rocas, como en la caja del Alcampo. Ya arreglaréis vuestras diferencias en casa y Jesús bendito, cómo se está poniendo de agua la nevera de campo y las toallas para secar los cuerpos serranos.
-Querida, me cuesta decirlo. Sé que teníamos todos, mucha ilusión en que este día fuera maravilloso pero se nos está echando a perder de una manera espantosa. Me atrevería a decir, si me lo permites, que está siendo un verdadero desastre. Se me ha colado un rayo de sol por la entrepierna, a pesar de la interposición espacial de la niña que lo ha eclipsado todo lo que ha podido, y siete hormigas en la axila; que están las pobres descontroladas por no saber dónde meterse con este hedor que desprende. Y ahora va y cae toda el agua de la primavera pasada condensada que estaba, la desgraciada, o escondida para que no la viéramos, y se está llenando, hasta el borde, el pantano en un abrir y cerrar de mochila.
-Vámonos a casa, si queréis. Puede ser que el día ya no se arregle. Cuando comienza con estas cosas… es difícil. Se tuerce y se tuerce. Recuerda que nos pasó una vez algo parecido con aquella nevada que nos cayó en plena sierra de Granada… El tiempo climatológico tiene esta imprevisibilidad atmosférica congénita… ¡quién iba a sospecharlo! Y no íbamos preparados, como en esta ocasión que, sin saber por qué razón de intuiciones acertadas, nos hemos traído los chubasqueros sin necesidad de que ningún vecino nos dijera nada.
-En fin, el hombre del tiempo ayer dio pistas…
-Si, es verdad, pero pensamos que serían de aterrizaje.
-Pero cariño, si no habla nunca de aeropuertos.

Las castañuelas, finalmente, se fueron por peteneras con los lagartos y se llevaron la sangría de bebés a cuestas sobre las conchas de los caracoles retrasados en el tiempo.

Ya quedarían otro día para lo mismo pero en que las condiciones externas fueran favorables para familias viajeras y tradicionales como las orquestas de los pueblos. Un día bonito por fuera, habría de llegar, antes o después. Todos seguirían confiando en ello.

Ángeles Córdoba Tordesillas. ©



LA MEJOR INVERSIÓN

¿Estamos a tiempo de cambiar?
¿Todo es posible aún?
¿Podemos invertir un proceso de toda una existencia en un momento?

Sí. Porque siempre es AHORA.

Ángel Córdoba Tordesillas ©


                                      

20 nov. 2015

EN EL OLVIDO

Y la luz se abre paso entre las sombras,
igual que la esperanza en el olvido.

Ángeles Córdoba Tordesillas. ©


Fotografía de la puesta de sol de esta tarde, hecha con estas gafitas que Dios me ha dado. 

LUZ ROJA

Todos tenemos fisuras, por donde se cuelan las patitas de nuestros principios y vanidades.
Todos tenemos salientes y clavos, donde se enganchan los buenos propósitos y las mejores intenciones.

-Dame la mano, hijo. Vamos a pasar al otro lado de la calle, que da el sol. Perdona, estaba abstraída en pensamientos sin importancia, casi... Tienes que fijarte bien, no distraerte con nada como me pasa a mí. Has de esperar con paciencia y siempre debes cruzar cuando en el semáforo se encienda la luz verde.
-¿La verde de esperanza, mami?
-Ésa.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©



19 nov. 2015

CONFIADO CORAZÓN

Ay, confiado,
confiado, corazón,
que llevas toda la vida
en la escuela del amor...
y aún no has aprendido
ni la primera lección.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


FONDO CELESTE

Últimas nubes,
con el fondo celeste,
entre recuerdos...

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Fotografía de la puesta de sol de hoy, hecha con estas gafitas que Dios me ha dado.

18 nov. 2015

PRONOMBRES

Cuando se trata de pronombres, nadie sabe bien de quienes se trata:

-Queda usted detenido por arrastrar por la calle tres pronombres y sin licencia.
-¿Cuáles?
-Éste, ése y aquél.
-No, un momento, aquél se ha venido conmigo, no lo traje a la fuerza. Quería estar cerca de éste.
-¿De quién… de ése?
-No, de éste, con quien quedé ayer por la tarde para hoy, entre el adverbio de tiempo y otro adverbio de lugar, llamado aquí.
-¿Y ése entonces, vino obligado supongo, para su desdicha?
-Pues tampoco. Vino por curiosidad morbosa. Quería saber qué pasaría con nosotros.
-Mire, váyanse todos de inmediato, antes de que se me acabe la paciencia.
-Gracias. La verdad es que tenemos algo de prisa... Hemos quedado con ellos y no queremos llegar tarde.

Eso sí, puntuales son como nadie.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©



TAN EXTRAÑO...

Extraño es extrañar a quien no te extraña.
Al que se fue alejando, paulatinamente,
hasta convertirse en un extraño

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


17 nov. 2015

CUESTIÓN DE VERBOS

Tengo todo lo que necesito para ser feliz.
La felicidad tiene más que ver con el verbo ser que con el tener.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Fotografía hecha con estas gafitas que Dios me ha dado.

DE UN ALMA A OTRA

En el fondo de tu alma,
hay un túnel que comunica con la mía.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©



CONTINUANDO CON ALEGRÍA

Gracias a todos los visitantes de esta nube.
50.000 visitas... ¡por vosotros!

Ángel C. T.

Mis gafitas y yo, agradecidas y felices por vuestro interés y apoyo. 

16 nov. 2015

EL AMOR

...¿Y qué es el amor?

El que mueve montañas.

Y mares,
y soles,
y planetas,
y galaxias
y universos.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Fotografía del atardecer de hoy, hecha con estas gafitas que Dios me ha dado.

LA FE

¿Qué es la fe?...
La que no mueve montañas
pero cree que puede hacerlo.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Fotografía de esta tarde, hecha con estas gafitas que Dios me ha dado.

15 nov. 2015

NEGOCIO EN RUINA

Tienda de corazones:
Cerrada por quiebra.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


EN CRISIS

Tienda de amor:
Se traspasa.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©

NAUFRAGIO

Si en medio del océano naufraga tu embarcación, recuerda que...
siempre habrá más barcos navegando en las mismas aguas.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©




14 nov. 2015

LA BOCA QUE BEBÍA LOS VIENTOS

Ni por el día ni por la noche se le daba bien a Antonia consolar a los animales de su granja rupestre. La gallina no ponía huevos por depresión mayor. La mayor de las vacas no daba leche por ansiedad colectiva. El cerdo no comía porque se sentía solo sin otros cerdos… Los conejos salían de las chisteras de los magos tras cada truco y allí ni mago, ni compañero más que el viento. O sea, que no había conejos.

-María Rosario, vete a dar de comer a los animales. Las cabras están pasadas de moda y no quieren que las ordeñen las nuevas generaciones. Ni siquiera por aquello de las tecnologías.
-Que no madre, que estoy en el colegio a todas horas y no vuelvo hasta la mayoría de edad, que estoy interna.
-Vaya por dios, siempre has de tener una excusa bien urdida, muchacha. Pue no sé qué hacer con estos patos. Quería hacer paté, pero no me atrevo a matarlos, mira que se me vienen todos los sentimientos encima en el peor momento. Si es que me conozco… ¿quién me llamaría a mí por el camino de la apicultura española sin abejas y con sembrado de amapolas al aire libre?… Anda, allá veo a Eustaquio y a su trompa, “el sordo beodo”, a ver si el hombre me quiere hacer el favor de rematarme algún pollo…
-No, buena mujer, yo estoy muerto desde la última primavera… ¿no lo recuerda?
-Ah, pues no. Ya veo que me ha leído el pensamiento…en blanco. Soy la última en enterarme de todo, en este pueblo, oye. Ya me está molestando que nadie me recuerde nada. Qué lastima. Pues la carita la tiene bien, no tiene mal aspecto, no. He visto a otros peores y andan todavía en los caminos. Claro que por los adentros…
-Pues ya ve.
-Y tanto que lo veo ¿pero yo, entonces, por qué? A ver si voy a ser vidente o médium vidente.
-Eso será evidente… o que está ya medio ida por la soledad no elegida
-Mire usted, no me diga esas cosas que ando chaveta perdida desde que se me fue la Antonia, del alma mía, interna no sé adónde, porque ya la memoria…
-¡Qué mal llevamos todos el paso del tiempo!… Claro que yo ya…lo mío no cuenta, no tengo inconvenientes con ese concepto… ¿Pero no se llamaba María Rosario su niña?... si Antonia es usted.
-Pues mire que lo de la muerte… no nos hace mucha gracia, parece ser. No sabemos ya ni lo que queremos, Eustaquio.
-Creo que fue a Londres.
-¿Quién?
-Su hija.
-¿Ah, pero existe?
-¿Su hija?... Su hija sí. El que ya no existe soy yo, aunque usted me perfile por aquí, por el huerto.
-¡Londres!
-Ahhh,  Londres también.
-Yo creí que era cosa de películas extranjeras… ¡Cómo cambian los tiempos y las mocedades! Ya ve usted, antes éramos jóvenes y ahora usted está muerto de viejo, supongo, o de la bebida descontrolada.
-Sí, sí de viejo y de asco. Este pueblo me aturdía mucho, más cada día.
-Qué pena…Bueno y, de todos modos, para esto mío, igual me da vivo o muerto. No tengo inconveniente por esa parte ¿No podría rematarme algún pollo, aunque fuera, para que me avíe la cena de hoy?… Al fin y al cabo, si ya está usted fiambre, no va a condenarse por hacerlo. Los pecados solo cuentan mientras uno está vivo.
-Doña, doña… Mire, le doy el repaso rápido a ese pollo y luego tiro para la gloria que quiero llegar hoy mismo, antes de que asignen mi cama a otro.
-De acuerdo.
-¡Pero corra… que se le escapa la vaca por naderías! No se quede ahí parada con la rutina de siempre, que le viene al pelo esa boca que bebe los vientos y yo me tengo que marchar ya mismo. Saludos y avisada queda. Ya no puedo decir que hasta otro día.

                                                                       FIN  LÓGICO

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Acuarelita rápida pintada con estas gafitas que Dios me ha dado.

FULANO, MENGANO, Y ENTRÓ ZUTANO

Se despistó y puso el despertador dos semanas, tres horas y cinco minutos más tarde de la hora en que tenía que levantarse para ir al trabajo. Llegó tarde sí, como te habrás imaginado.

-Un despiste lo tiene cualquiera-Decía, justificándose, defendiéndose de las acusaciones familiares y otras posturas hostiles.- No creo que sea para tanto... La trifulca que estáis armando.
-Venga, hombre, venga. Todo porque no quieres hacerte una revisión médica o un chequeo bancario al portador. -Le acusó Menganito-.
-Ciertamente, en todo lo posible evito este tipo de soluciones drásticas a mis problemas humanos. Pero tampoco creo que lo mío sea para tanto...-Replicó Fulanito.
-Te agarraste a un pararrayos en vez de a la barra del autobús  una tarde otoñal y te llevó por delante hasta el tercer mundo un rayo inmisericorde y te depositó, antojadizo, sobre un kiosco de prensa, totalmente descolocado…  ¿Que me dices a eso?... ¿te parece normal? Tu dirás...
-Peor hubiera sido que hubiera caído sobre un carrito de helados.
-Y más complicado, en otoño, Fulanito.
-Eso es verdad. No le demos más vueltas.-Zanjó Megano.
-Eso, que puede que nos despeinemos y salgamos feos en las fotos de perfil romano.-Sugirió Zutano, callado hasta ese momento. Quietos y preparados para una selfie de grupo.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


CON VOSOTROS, PARÍS

Estamos con vosotros. 
Vuestro dolor es el nuestro. 

Ángeles Córdoba Tordesillas. 



13 nov. 2015

MEDITACIÓN

Ahora, en el instante amado,
bajo el manto de la luz verdadera,
cerrando los ojos a la ilusión del día,
navego en los brazos del auténtico amor.
Y es en ese mar, remanso de paz,
donde descansa mi vida

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Fotografía de la puesta de sol de hoy, hecha con estas gafitas que Dios me ha dado. 

12 nov. 2015

EL POETA

Un poeta es un loco que no ejerce.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Marc Chagall. 6/7/1887 Bieolorrusia-28/3/1985 Francia)

NO HAY VOZ SIN SILENCIO

Tengo silencio en las manos.
Y silencio en la nostalgia,
que fatigado de desnudar verdades,
reposa en el asiento del alma.

Tengo silencio en la garganta,
aprisionadas frases, atragantadas
de silencio.

Tengo la fuerza del silencio
rondando por la casa…
Y me distraigo escuchándolo
e interpreto sus palabras.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


COMO LOS TRENES

Vas y vienes y vienes y vas.
Todo en mi vida son hombres que pasan...

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Estación de San Lázaro. Claude Monet. (14/11/1860-5/12/1926. Francia)

11 nov. 2015

MOVIMIENTO Y LOCURA

Se mueve. Todo se mueve.
Y tú no te das cuenta. 
Y sin saberlo las cosas cambian. 
Todo se mueve. 
La gente es inquieta.
Busca, persigue, conquista, se funde, 
se rinde, se esfuma...
Mientras tú estás quieto.
Respirando, disfrutando, 
mirando el paisaje... 
que también se mueve.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Fotografía hecha con estas gafitas que Dios me ha dado. 

8 nov. 2015

DIME

Dime
qué sientes por mí ahora.

No lo qué sentiste alguna vez
ni lo que sentías hace un rato.
Sino lo que sientes en este instante.

No lo que te gustaría sentir
o lo que yo desearía que sintieras.

¿Qué sientes por mí, ahora?
Dime.

Ángeles Córdoba Tordesillas. ©


7 nov. 2015

SERÁ TU AMIGA

Desnudo para ti una poesía, de cintura para arriba.
Lo justo para descubrir su frágil corazón.

Se quedará a vivir contigo.
Aprenderá tus costumbres y será leal.
Adoptará la forma de una sonrisa,
cuando te sientas triste o melancólico.
De un hombro, cuando te sientas cansado.
Y si te ve solitario y desmotivado, de una caricia.

Una poesía voladora que te subirá al cielo,
siempre que quieras sentirte como un ángel.

No te pedirá nada a cambio.
Solamente desea acompañarte.
La palabra "amiga" le gusta…
se conformará con serlo.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


6 nov. 2015

¿QUÉ ES UN HIJO?

Un hijo es el mayor de lo éxitos inmerecidos.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©

(Y mi hijo me ha respondido:
Tú me mereces más que yo a ti.
¡¿Veis como es un éxito?!)

Maternidad. Joaquín Sorolla. (23/2/1863 Valencia.-10/8/1923 Madrid)

5 nov. 2015

TRAS LA LLUVIA

Y tras la lluvia,
luz rosácea en el cielo
de despedida. 

Ángeles Córdoba Tordesillas  ©


Fotografía del atardecer de hoy, hecha con estas gafitas que Dios me ha dado.

MOISÉS Y SU PROCEDER

Desenfrenado Moisés, con tres dedos de frente y cuatro manos por cuerpo, con los debidos argumentos a su madre, por dejarle abandonado en aquél cestito en las aguas del Nilo, le leyó la cartilla de la “a” la “z”, una vez hubo secádose del líquido elemento.

-Hijo, ¿quién te ha enseñado a leer si flotabas dentro de un cesto sin maestro ni libro de texto?
-¡Oh mamy blue! hay cosas que son inexplicables, como la contaminación de los mares para los desinformados. He aprendido mucho, durante ese mece que te mece, noche y día, pero no me explico, a pesar de que no soy rencoroso, porqué diantre tuve que terminar así, de cualquier modo, en las aguas de ese Nilo reconocido oficialmente… ¿Acaso no fui hijo deseado?
-Claro que lo fuiste, alma mía, pero la cosas se liaron, como no te podrías hacer una idea formal, y tuve que meterte en ese capacho viejo y feo, y allá que te lancé a las aguas mortales. Pero las madres todo lo que hacemos está bien hecho… Ya lo ves,  aquí estás ahora, sano y salvo, y con directrices como para iniciar recorrido en una empresa propia. Has madurado más que un fruto de verano.
-Ya, mamaíta, pero creo que estoy algo traumatizado por no haber podido tener cerca su regazo y un biberón repleto de alimento lácteo.
-Venga, mi vida, no te hundas ahora fuera de la canasta ya, que nos quedaremos compuestos y sin Tablas de Mandamientos.
-Habré de visitar, tal vez, y no lo digo por complicar más las cosas que uno ama la sencillez y la desnudez -ya acostumbrado a ella-, a un buen especialista en psicología cognitivo-conductual o de la Gestalt que son tan modernos que te despachan en minutos.
-Pero esos son caros…
-Bueno, pues alguno clonado, seguramente más barato.
-Podemos hablarlo, primor, si lo crees necesario. ¿Qué te dice el corazón?
-Mami, el corazón lo dejé flotando sobre las aguas, aprendió a caminar solo, sobre ellas y después también fuera, y me envió un wasap diciendo que llegó a casa tres días antes que yo… ¿no lo ha visto por aquí, acaso?
-¿No me digas que se equivocó de puerta y se fue a la de la vecina de enfrente?… ¡Por todos los dioses! Llevo tres días escuchando la música a todo trapo, con festejo hasta las tantas. Pensé que tenía invitados ingleses o juerguistas… o las dos cosas. A ver ahora quién entra allí a buscarlo… porque a mí, ni una pizca de sal me regala.
-Yo mismo iré a buscar lo que es mío. Espero que ese corazón avanzado no se niegue a regresar a mi lado, que tengo un hueco enorme desde que se liberó del cesto presto y necesito quererla a usted, por ser mi madre.
-Ve, hijo… y vuelve por Navidad. Tendré preparada otra cesta, pero esta vez con turrones, mazapanes, y otros dulces y variedades típicas de la fecha, no temas.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©

CONSCIENCIA Y VIDA

Cuanto más consciencia tengo de la muerte,
más amante soy de la vida.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


4 nov. 2015

ACURRUCADOS

Acurrucados.
Como amorosas nubes.
En nuestro cielo.

Ángeles Córdoba Tordesillas. ©


Fotografía de Facebook (Las nubes y la naturaleza by Lui San)

NIETA CURIOSA

-Abuelo, ¿tú desde cuándo eres calvo?
-Desde que se me cayó el pelo.
-¡¿Tanto?!

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Busto de Esquilo.

BANDERA BLANCA

A veces, rendirse es la forma más sabia de ganar una guerra.
Especialmente cuando el que la inicia, sintiéndose tu enemigo, se empeña en serlo.

Ángeles Córdoba Tordesillas. ©


Fotografía de su autor.