Desde mi nube y con gafitas

“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a la Tierra para experimentar lo que era ser humano. Adoptó la forma de mujer. Sólo bajó con lo puesto… unas preciosas gafitas que Dios le había regalado y una nube pequeña, desde donde miraba cada día todo lo que sucedía entre el Cielo y la Tierra. Sólo a través de esas gafitas podía ver nítidamente el mundo y a las personas que vivían en él. Sin ellas se sentía desorientada, perdida, pues todo se volvía invisible e incluso ella misma, ya que ni siquiera podía percibir su propio cuerpo. Esta historia está contada por ese ángel que, a través de la narración de sus peculiares observaciones, intenta representar el mundo que ve.”

Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.

Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.

Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.

13 feb 2016

LA VIDA TE DA SORPRESAS, AY DIOS

En plena burbuja inmobiliaria, había tal fiebre por comprar pisos, y todo tipo de viviendas, y reformarlas enseguida; tanto por los propios vendedores que tiraban algún que otro tabique y les hacían un “lavado de cara”, con el objetivo de venderlas de forma fulminante, pasando por inversores que las adquirían en pésimo estado y para, tras rehabilitarlas y dejarlas preciosas, venderlas después, como hasta aquellos que, hipotecados hasta las cejas, extendían dichas hipotecas, más allá de las estrellas del firmamento, llegando a prolongarlas para varias vidas, con tal de dejar su piso, recién comprado, hecho una monería de feria.

Todo un despropósito total y absoluto, es verdad, pero no se trata de ningún cuento. Tanto era así que prácticamente una hora de trabajo de un albañil era más cara que una de un médico privado o un notario, incluso. Es decir, no se encontraba fácilmente, una empresa de reformas que te pudiera prestar sus servicios antes de dos o tres años… Había cola.

No era, por tanto, extraño lo que me sucedió un día cualquiera dentro de este momento que relato y de este país en concreto:

Iba por la calle, tranquilamente, volvía de la ferretería de mi barrio de comprar un metro y un serrucho, pues tenía intención de hacerme yo misma unos marcos para mis cuadros, y de repente, salieron de un coche dos personas, hombre y mujer, de mediana edad y, prácticamente, me secuestraron. Me vieron con el lápiz colocado sobre la oreja y el mango del serrucho asomando por la bolsa de tela y se pensaron lo que no era... 

-Rápido, necesitamos con urgencia que nos termine una reforma que unos pringados la semana pasada han dejado a medias. -Y me llevaron a su chalet, de dos plantas con buhardilla, a las afueras.

Así ocurría en esos tiempos. A cualquiera que anduviera por ahí, vestido con mono azul, le agarraban y se lo llevaban poco menos que a rastras a hacer la chapuza que fuera.

El estupor que sentí no fue pequeño. Me encontraba en medio de un salón más grande que toda mi casa y con una familia extraña, matrimonio y cinco hijos, que me rodeaban con mirada suplicante.

-Por favor, termine este tinglado obreril. Tenemos toda la casa patas arriba. Mire, la cantidad de ladrillos en las esquinas… y los niños, con tanto polvo por todas partes, no pueden respirar casi y el pequeño está con un asma galopante.
-Pero si yo no reformo… iba para mi casa tan campante.
-Por favor, se lo pedimos de rodillas, si hace falta.
-Que no, que les digo que no. ¡Que no reformo y no reformo, se pongan como se pongan!
-Hágase cargo, se lo rogamos. Esta situación es insostenible…
-Ah, muy bonito, y quieren que venga yo  a sostenerla…
-Le pagamos lo que sea… por dos horas, una jornada completa.
-Pero oigan, que yo no sé de esto, ¡vamos, que no tengo ni idea!
-Inténtelo al menos. Mire, le damos por adelantado una pasta gansa y dos pagas extra.
-Bueno, déjenme pensarlo… ¡Venga, ya lo he pensado! Alcánceme el metro que voy tomando medidas… no perdamos más tiempo. Si lo hace cualquiera, lo puedo hacer yo misma.

Y así fue como abrí mi empresa de “Construcciones Ale Hop y Reformas en general. S.L.”

A continuación relataré cómo abrí el segundo negocio que tuve. Fue una pastelería. Salí de casa, un domingo por la mañana, comiendo una magdalena…

Ángeles Córdoba Tordesillas ©



2 comentarios:

  1. Que poder de convicción, sólo con verte, ya se adivinan tus dotes para aquello que se requiera en un momento determinado.
    Jajajaja, me he divertido mucho leyéndolo Ángel, pero el trasfondo no deja de reflejar una realidad que nació con el boom del ladrillo.

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    1. Una realidad bastante dramática, por cierto, pero creo que es bastante saludable hacer humor hasta con los dramas.
      Gracias por tu comentario, Manolo.

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