Desde mi nube y con gafitas

“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a la Tierra para experimentar lo que era ser humano. Adoptó la forma de mujer. Sólo bajó con lo puesto… unas preciosas gafitas que Dios le había regalado y una nube pequeña, desde donde miraba cada día todo lo que sucedía entre el Cielo y la Tierra. Sólo a través de esas gafitas podía ver nítidamente el mundo y a las personas que vivían en él. Sin ellas se sentía desorientada, perdida, pues todo se volvía invisible e incluso ella misma, ya que ni siquiera podía percibir su propio cuerpo. Esta historia está contada por ese ángel que, a través de la narración de sus peculiares observaciones, intenta representar el mundo que ve.”

Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.

Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.

Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.

11 may 2017

UNA HISTORIA SIN PIES NI CABEZA, COMO LOS GUANTES (TERCERA PARTE)

Elvira, la mujer de Ambrosio, estuvo un par de veces llegó a perder los papeles, debido a la situación tan tensa, compleja y dual que estaba viviendo bajo el techo de su propia casa.

Ya habían encontrado algunos de ellos: Bajo el sofá, los del seguro medico y entre la ropa sucia - donde no se hallaba, ni por casualidad, la tan traída y llevada prenda de vestir de su marido- el contrato del alquiler del piso... La señora, con estudios de magisterio, estaba consternada. Se disculpó diciendo:

-Vosotros diréis lo que queráis pero esta situación es ya insostenible; y no me refiero a que peséis justamente el doble los dos juntos. Es que no hay quien pueda soportarlo. Me supera por todas partes. Pasa de castaño oscuro a negro noche sin luna... Ni en mis peores tiempos de escuela tenía los nervios tan destrozados.
-Elvira, seguramente por mi edad, he comprendido que es más saludable tomarse las cosas con tranquilidad. Y, sobre todo, tal y cono vienen. Lo mismo pienso de las infusiones; por eso me importa un bledo sin van con azúcar, miel o sacarina. No me sulfuro por nada. Todo tiene su lado bueno... Y además no se te ajará el cutis.-Le sugirió la parte de Inés Leonor que tenia la fusión española, análoga a la tortilla, de la que se podría decir que ella era la patata y él, Ambrosio; nacido en Argentina, el huevo bien batido. Y no quedaría más remedio que colocar, en este exquisito plato, ejemplo de deliciosa y casera fusión como ninguno, a doña Elvira haciendo las veces de esa cebollita, opcional, que particularmente adoro, que da tan buen sabor a semejante manjar, servido en cientos de miles de bares cada día, en esta península ibérica.

Pero ella, como buena cebolla, siempre insatisfecha, que sólo movía al llanto, no le gustaba más que la compañía de su huevo, y frito, marido. Siempre había pretendido ser la única compañera vegetal en su vida. Y ahora la presencia patatera y constante  de Inés Leonor le producía inquietud y mucho más… le desquiciaba.

Dejando a un lado, y en plato llano, la tortilla española, hay que reconocer que si uno se pone en el lugar de Elvira, no será difícil entender a la buena mujer. Pero no lo hagamos... seria demasiada cebolla... para llorar. He dicho que dejaría aparte la metáfora tortillera y así lo haré.

Ambrosio prácticamente no abría el pico, intentando asumir su extraño destino. El que sí lo hacia a menudo y para replicar en verso sublime, era el loro de Inés. A quién habían tenido que incorporar a la convivencia familiar pues tanto paseo de una casa a otra les trastocaba los planes de descanso, amén del desgaste de suelas de los dos pares de zapatos que tenían por costumbre calzar en los pies.

Flamenco, el loro, había tomado algo de tirria a Ambrosio, sin saber muy bien porqué... Y se metía con él y con su, ya popular, americana, diez minutos al día:

-Ambrosía para el paladar, sería, que te hubiera engullido, Ambrosio, aquella cornisa...y, de paso, a tu espantosa chaquetita.
-¡Flamenco, deja al trozo de cornisa en paz que no te ha hecho nada. Sigue con lo tuyo!-Le reprendió su dueñita, con cariño.
-"Lo mío" es que daré un recital de poesía, en la próxima temporada, en la gloriosa Andalucía. Y Ambrosio no está invitado. A ver cómo te lo montas dueñita.
-¿Qué día?... ¿Cuándo?-Pregunto Ambrosio.
-Cuando me dé la gana...
-¡Flamenco...!-Le avisó Inés Leonor, con cierta empatía juvenil.
-Pero siempre dentro de la próxima temporada. Ejém. Pero si vas, porque no haya más remedio debido a esa absurda fusión hecha con mi Inés Leonor, no te pongas esa chaqueta. por lo que más quieras -que no seré yo- el día del estreno, que me estrello; me dará mala suerte y te la devolveré en mala pata para que, bien desempleado, esperes en la cola del paro hasta que te congeles.
-¡Flamenco, no quiero tener que volver a llamarte la atención! La próxima vez te echo por encima el telón del sueño obligado.
-¡Está imposible este loro hoy!...-Protestó Elvira, la cebolla fina, maestra de pueblo.
-Tú si que eres una lorita cansina, Elvirita, tal para cual sois la parejita, que yo tengo alma de jilguero y no soporto al que le huele el aliento... y a cebolla menos.
-¡Flamencooooo....!-Repitió Inés Leonor.-Muy bien, tú te lo has buscado.
-Puñetero loro… -Protestó Elvirita... sin mala intención.
-No soy un puñetero loro… Soy el Machado de los pájaros.
-Te has ganado a pulso hoy, el sueño súbito. Ya está. Y no quiero oírte que imitas los ronquidos de Ambrosio, que duermes en el patio. ¿Me oíste?-Amenazó Inés Leonor antes de sacudir el pañito para cubrirlo.
-Recito de carrerilla: "Voz sincera de palabra noble soy. Fiel, leal como compañero de batalla perdida. Sabia y de alma valiente pero presumida. Daré un recital para cualquier amante de la poesía, en el teatro Real de Madrid o en alguna playa de Levante... Tanto me da, si consigo aplausos Dios mediante". ¡Levante este trapo viejo, que no veo el más allá... diantre!...........................Zzzz
-Por fin, algo de tranquilidad en esta casa.-Suspiró Elvira.
-¡Hogar dulce hogar! - Exclamó, aliviado, Ambrosio.
-A ver, cari-Leonor, que ya está preparada la cena. Fusionaos como es debido para sentaros en la mesa.
-Mmm... Huele bien... ¿Qué es?-Dijeron a dúo los protagonistas principales.
-Tortilla de patatas.-Contestó Elvira.

A pesar de que la convivencia no fue fácil, con el tiempo aprendieron a respetarse o eso deseo porque no pasaré del capítulo tercero. Así que aquí pondré FIN a esta historia disparatada deseándoles, y deseándoos a todos, buen provecho.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©



4 comentarios:

  1. Bueno, pues me he leído las tres partes del tirón y me he reído lo mío. Disparatada historia con no menos disparatados personajes. Si tengo que elegir uno, me quedo con el Machado de los pájaros y ese punto de mala leche que tiene.

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    1. Encantada estoy de que hayas leído las tres partes, Chema, y mucho más de que te hayas divertido haciéndolo.
      El Machado de los pájaros ya ha sido formalmente adoptado por otra lectora, amante de los animales pero "ese punto de mala leche", si lo quieres, es tuyo.
      Gracias.

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  2. La tortilla muy buena pinta...Jeje

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    1. Tortilla española, Celia. Con tan buena pinta como las que siempre has preparado tú.

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