Desde mi nube y con gafitas

“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a la Tierra para experimentar lo que era ser humano. Adoptó la forma de mujer. Sólo bajó con lo puesto… unas preciosas gafitas que Dios le había regalado y una nube pequeña, desde donde miraba cada día todo lo que sucedía entre el Cielo y la Tierra. Sólo a través de esas gafitas podía ver nítidamente el mundo y a las personas que vivían en él. Sin ellas se sentía desorientada, perdida, pues todo se volvía invisible e incluso ella misma, ya que ni siquiera podía percibir su propio cuerpo. Esta historia está contada por ese ángel que, a través de la narración de sus peculiares observaciones, intenta representar el mundo que ve.”

Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.

Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.

Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.

17 nov 2017

NADA ES VERDAD NI MENTIRA, TODO DEPENDE DEL DÍA

Jacinto estaba obsesionado con los detalles. Hasta que conoció a Estrella que resplandecía. Parecía un destello, toda ella.

-Estrella, me arrebatas los sentimientos y me subyugas, desde la coronilla hasta el extremo de mis uñas.
-Y sin querer que lo hago, Jacinto.
-Ya lo sé. Pero una cosa te digo, ese rizo de cabello que cae sobre tu frente…
-¿Qué sucede?
-Que no me termina de convencer.
-¿Y eso por qué?
-Te hace parecer egipcia sin serlo o una falsa Estrellita Castro.
-Menudo disgusto que me das, amor mío. Ayer mismo me decías que todo en mí era belleza cósmica ¿y ahora me comparas con una simple estrellita?
-Primor, vamos a ver, no te mentí ayer, porque la pasión que me haces sentir casi me ciega pero hoy, que puedo ser más objetivo con lo que tengo ante estos dos ojos, sin lentes reversibles, no se me pasa por alto este pequeño detalle que no te hace perfecta. Pero consuélate, mujer, que sigo prefiriéndote en mi vida antes que una paella, con lo que me gusta comer…y siendo de Valencia.
-¿Y entonces, todas esas palabras que me dijiste, sobre que tú ya no eras el mismo, desde que había entrado en tu vida, y te había convertido a la fe del amor, eran mentira?
-En absoluto. Eran totalmente ciertas… anteayer.
-¿Y mañana entonces qué me dirás?
-No lo sé. No te impacientes, ya improvisaré. Tal vez me fijaré en tu escote de barca que es demasiado amplio, o en esas caderas anchas a lo portuguesa, o quizá en las arrugas de tu frente que te hacen parecer más vieja. Pero no te preocupes, cariño, que serás la primera en saberlo.
-Muchas gracias, hombre. Todo un honor… Por cierto… ¿Tú tienes espejo?

Ángeles Córdoba Tordesillas ©



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