Desde mi nube y con gafitas

“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a la Tierra para experimentar lo que era ser humano. Adoptó la forma de mujer. Sólo bajó con lo puesto… unas preciosas gafitas que Dios le había regalado y una nube pequeña, desde donde miraba cada día todo lo que sucedía entre el Cielo y la Tierra. Sólo a través de esas gafitas podía ver nítidamente el mundo y a las personas que vivían en él. Sin ellas se sentía desorientada, perdida, pues todo se volvía invisible e incluso ella misma, ya que ni siquiera podía percibir su propio cuerpo. Esta historia está contada por ese ángel que, a través de la narración de sus peculiares observaciones, intenta representar el mundo que ve.”

Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.

Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.

Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.

3 ene 2018

SIEMPRE ESTAMOS A TIEMPO DE CAMBIAR

Remigia sacaba sus dientes a pasear, al menos tres veces al día, para que hicieran "sus necesidades". Apodada “La furia iracunda”, por su familia y otros conocidos. Amigos, amigos, no tenía, por razones obvias; a los amigos no nos gusta que nos saquen los dientes, ni nos griten, ni nos falten al respeto de ninguna otra forma.

Lo curioso es que llegada la Navidad, de aquél año que acababa, se dio cuenta de que tal vez su carácter dejaba mucho que desear, porque asustaba y espantaba a los demás. “¿Y si me propongo para el nuevo año, ser más tolerante y sobre todo contar hasta diez, e incluso hasta cien -que además sé- antes de hablar o de actuar?”

Y lo consiguió, ¡vaya si lo consiguió! Porque no se sentía bien consigo misma dando rienda suelta a ese mal carácter. De hecho, ésta era la causa más que el efecto… pero eso aún no lo había descubierto.

Eso sí, tuvo que hacer un sobreesfuerzo y ejercitar a pulso la voluntad. Pero todos, o casi todos, nos fijamos metas personales a principios de año. Algunas no son fáciles pero en muchas ocasiones logramos los objetivos.

Actualmente a Remigia la llaman por su nombre, cosa que le gusta. Y ya va teniendo algún que otro amigo. Como yo, por ejemplo.

Final feliz para comenzar el año. Estoy generosa. J 


Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Remigia, un volcán en erupción. 

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